
Deep Throat
Uno de los oficios que más he aprendido a respetar es el periodismo. Y no, mi respeto hacia esta forma de vida no viene del hecho de que vivo con un periodista sino de muchos años atrás, cuando tuve contacto de primera mano con este mundo al trabajar en la redacción de un diario.
En ese lugar vi prácticamente de todo: desde el corrupto editor en jefe que manejaba a su antojo a los reporteros, manipulaba la información que se iba a publicar y se pintaba sólo para recibir costosos regalos de personajes políticos hasta periodistas que, a pesar de los pesares de su oficio (y de su bajo sueldo), mantenían el entusiasmo de ir a cubrir notas, llegaban acalorados y cansados a la redacción, vaciaban la información recopilada en sus respectivas computadoras y además, solicitaban fuentes adicionales con el sólo objetivo de aprender más.
El periodismo, indudablemente, es y ha sido uno de los pilares más importantes de la sociedad en cuanto acceso a información y una buena fuente para formar criterios, a favor o en contra, de un gobierno, un líder o un personaje que no hubiera visto la luz pública de no ser por la labor de los profesionales de esta área. Y éste es el caso de quien probablemente es el personaje más usado en las clases de comunicación del mundo: Garganta Profunda, el personaje político que le dio información al reportero Bob Woodward del Washington Post que precipitó la caída del gobierno del presidente estadounidense Richard Nixon en agosto de 1974.

Felt en 1973
Desde que se dio a conocer que W. Mark Felt, el director asociado del FBI (segundo cargo en importancia dentro de esta agencia), era la persona tras la identidad de Deep Throat, algún tipo de ilusión se hizo añicos: la personalidad oculta, que para millones de periodistas en el mundo significaba el bien detrás de un gobierno corrupto.
Sí, señores, esa figura del bien, esa mano benefactora que logró que al final, la verdad saliera a la luz (y que los malos "recibieran su merecido"), se partió en mil pedazos cuando el Sr. Felt salió a dar la cara dándoles a los comunicadores del mundo una difícil y dura lección de vida: no existen los súper héroes que actúan por que el mundo sea un lugar un mejor (por lo menos, no en la política) ya que siempre hay un motivo detrás de sus acciones. Y en este caso, Mark Felt divulgó el secreto más guardado del periodismo estadounidense únicamente por... dinero. Así de claras y sencillas son las cosas. Por dinero...
Y como, por lo visto, ya se le acabó el que le pagaron por divulgar su identidad, el día de hoy el Sr. Felt anunció que mañana, martes, estará en el show de Larry King, en CNN, para presentar un libro en el cual, a pesar de estar diagnosticado con demencia, habla de cómo odió siempre el sobrenombre de "Garganta Profunda" y revela que su esposa no murió de muerte natural sino que se suicidó después de 46 años de matrimonio (...). El libro, coescrito por John O'Connor, el abogado que vendió la exclusiva en la que reveló su identidad a la revista Vanity Fair el año pasado, presenta información de ambos aunque no se sabe con claridad qué porcentaje de ella es de Felt, que nació el 17 de agosto de 1913.
"Tiene 93 años, es natural", me dice JC y sí, yo puedo entender que el Sr. Felt, a su edad, no tiene los medios ni las formas de ganar fortunas completas, pero tampoco dejo de pensar que, seguramente, se debe embolsar una muy buena pensión que el FBI le debe seguir pagando. ¿Y entonces? ¿dónde está el honor? ¿dónde está la ética? ¿terminamos los seres humanos traicionando nuestros valores cuando llega la senilidad? ¿es esto lo que nos espera a los que podramos llegar a esas edades?
¿Saben qué? Era mejor no saber.
Saludos.









