Sociedad: Enero 2005 Archivos

La infidelidad de las mujeres

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Hace poco venía en un taxi cuyo chofer escuchaba una de las estaciones más populares de la Ciudad de México. El locutor, echando mano de recursos interesantes seguramente extraídos de internet, empezó a hablar de la infidelidad masculina y de los motivadores que hacen que nuestras contrapartes decidan darse un respiro por otros lares.

Si bien el locutor no aportó nada nuevo, llamó mi atención que dijera que se calcula (según él) que el 50% de las mujeres mexicanas son infieles en la actualidad. Si bien el cálculo me parece elevado, me hizo pensar que sería interesante analizar cómo es la infidelidad en una mujer.

Para empezar, las mujeres la pensamos mil veces. La infidelidad femenina nunca sale de alguna urgencia hormonal. El asunto, para nosotras, no es tener una noche sexual y olvidarse de ella al día siguiente. Una mujer normalmente evalúa cuidadosamente los pros y contras de su relación y si de plano ve que no hay salida, que no hay opción, entonces considera la alternativa de ser infiel.

¡Ah! Pero no con cualquier monito. Digo, si ya se avienta una el tirito de meterse con alguien más aunque no sea a un nivel demasiado serio, por lo menos tiene que ser alguien que cumpla con las siguientes características:
  1. Que tenga más virtudes que la pareja actual (o por lo menos que las simule). Si no es así ni vale la pena el riesgo de perder lo que ya se tiene garantizado.
  2. Que sea alguien compatible. El asunto para nosotras no sólo es sexual. Se pide que por lo menos tenga los mismos gustos o intereses o que, de perdida, se pueda compartir algo más que sexo, y
  3. Que pueda proporcionar el "olor a aventura". Si una mujer decide ser infiel es que está harta de la rutina. Una opción diferente siempre huele a novedad, a aventura.
  4. Que tenga la habilidad de hacer que una se sienta admirada, cortejada, deseada y querida. Esto es justo lo que normalmente se pierde en una relación rutinaria y lo que motiva más a las mujeres.

Según el portal MujeresChile.cl, las mujeres, en general, cuando son infieles lo hacen por una carencia afectiva y emocional que se ha arrastrado por mucho tiempo en la relación de pareja. Es decir, al vivir una relación rutinaria y poco motivante, desarrollan un nicho propicio que puede llenar otra persona que la haga sentirse satisfecha a nivel de autoestima, ilusión, autovaloración y que cubra sus expectativas.

Claro, a diferencia de los hombres, que pueden mantener relaciones extramaritales durante periodos muy largos de tiempo, las mujeres duran menos con sus amantes precisamente por la profundidad de las relaciones que desarrollan con ellos. Al llevar una doble vida en donde se manejan roles importantes y complejos, como lo son la maternidad, el ser trabajadora, amiga, hija, y esposa, tarde o temprano se vuelve una carga mantener otra relación con alto nivel de emocionalidad.

Y con esto viene lo interesante: si la opción afectiva se convierte en la más importante, sin problema alguno la mujer abandonará a su pareja original, lo que no sucede con los hombres que son infieles, cuya idea es mantener a la esposa en el lugar que ya ocupan en su vida además de alguien más que sirva para satisfacer necesidades más sexuales y menos afectivas. Somos diferentes, ¿no es así?

¿Lo ves tú así?

Lo vano del físico

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"Te amo", dijo él.

Hubo un silencio, no supe qué decirle.

"Te amo tanto," continuó, "que aún si sufrieras ahora un accidente y tu cara resultara totalmente quemada, me quedaría contigo el resto de la vida".

Salí huyendo ante tanta responsabilidad.



Yahoo! News nos reportó el día de ayer que el nuevo presidente de Ucrania todavía no ha terminado de aceptar su nueva cara.

Para quienes lo recuerden, Viktor Yushchenko, de 50 años, fue envenenado con una dioxina en septiembre pasado por aquellos que no les hacía gracia que este representante de la oposición llegara a la presidencia de su país. En cuestión de pocos días, la cara de Yuschenko se transformó de la siguiente manera:


Y aquí lo cito: "Francamente, no puedo acostumbrarme a esta cara y creo que nunca podré, pero somos hombres y no hacemos un gran escándalo sobre nuestras cicatrices".

¿Perdón? ¿Leí bien? ¿Qué le pasa a este señor? (Como diría un ex asistente, "tiene pobemitas y serios".) ¿Por qué demonios tiene que estar el presidente de Ucrania dando disculpas por su físico? ¿De cuando a acá alguien justifica su físico cuando esto es totalmente innecesario en el mundo de la política? ¿Le tira el Sr. Yushchenko a figurar entre los finalistas de Mr. Universo 2005?

A ver... yo creo que la tendencia mundial a la adoración de la imagen física, tan superficial, ya está invadiendo áreas en las que no tiene por qué darse. Si el Presidente Yuschenko hubiera sido gordo, moreno, verde, con la cara llena de granos o si hubiera medido 1.42 mts. hubiera ganado igual, ¿no es cierto? Basta darse una vuelta a la biografía de este señor para ver el impresionante currículum que tiene y el cual no se basa precisamente en sus anteriores atributos físicos.


Y ejemplos hay millones. Miren a Agustín Lara, el compositor mexicano fallecido en 1970. El señor no era precisamente alguien que llamara la atención entre los adoradores del físico pero aún así tuvo a María Félix (¡nada más!) a sus pies. ¿Y era por su cara? ¡No! El señor Lara tenía tanto que aportar, tanto talento, tanta simpatía, sentido del humor y presencia, que la Félix simplemente se entregó ante él.

¿Quieren otro ejemplo? Yoko Ono tuvo la capacidad de hacer que John Lennon perdiera la cabeza y botara mujer, hijo, pasado exitoso musical, tres amigos igual de famosos que él y dejara todo por estar con ella de tiempo completo y créanme que tenía todo lo necesario para lograrlo (ver "Odiar a Yoko Ono"). ¿Y la señora era "bonita"? No, ¿verdad? ¿De qué te sirve una cara hermosa y un cuerpo fantástico si por dentro no tienes nada sólido que te respalde?

Y lamentablemente, lo que termina sucediendo cuando no tienes nada adentro es que empiezas a invertirle al físico con resultados más que adversos

¿Reconocen a la señora de la siguiente foto, tomada hace unos meses? Parece Cruela de Vil, ¿no es cierto? Pero no, no es Cruela de Vil, es una mujer que en los años 70 hizo que millones de hombres enloquecieran.


Señores y señoras, con ustedes, Farrah Fawcett en el 2004 y después de múltiples cirugías (¡chequen la diferencia de altura entre las fosas nasales!).

Ahora vean como se encuentra Paul Stanley en el 2004, el integrante del Grupo Kiss que en los mencionados años setenta hizo suspirar a más de una.


¿Lo vale? Yo creo que no.

Perder el punto

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El New York Times nos hizo saber, el domingo pasado, que un nuevo libro sobre Abraham Lincoln se publicará durante este primer mes del nuevo año. El libro en cuestión, titulado ''The Intimate World of Abraham Lincoln'', presenta evidencia que confirma que el expresidente estadounidense fue gay y narra su profundo amor por Joshua Speed, un joven con el cual compartió la cama durante cuatro años de su vida.

El simple hecho de su anuncio (el libro aún no ha salido al mercado) ha desatado suficiente polémica como para que en cinco días 57,000 sitios web hablen de él. Y como Barnes & Noble, la megalibrería gringa, es tan abusada como comercial, por lo pronto ya lo tiene en preventa a tan sólo $18.90 dolaritos.

Esta, señores, es otra manifestación más de la habilidad que tienen los gringos para perder el punto. Si Lincoln fue heterosexual, gay, transexual o travesti, ¿importa realmente? El punto es que Abraham Lincoln fue el décimo sexto presidente de la nación vecina y que se le recuerda por haber abolido la esclavitud en enero de 1863. Punto. Abraham Lincoln pasó a la historia por sus muchos, pocos o más o menos logros en la política no por sus preferencias sexuales. Punto.

Este es el mismísimo caso de Clinton y el grán escándalo que se generó por sus amoríos con Mónica Lewinsky. Para quienes lo recuerden, el mundo materialmente se paralizó cuando Drudge Report dio la exclusiva mundial en enero de 1988 y durante meses los medios más importantes de los Estados Unidos no hicieron más que bombardear información relacionada con vestidos azules, sexo oral, la (maltrecha) dignidad de Hillary y la comparecencia del entonces presidente gringo ante un gran jurado federal. Trescientos trece mil sitios web lo confirman al día de hoy.

Y vuelvo a preguntar.... ¿los contribuyentes estadounidenses le pagaban al señor Clinton por ser fiel o por ser presidente? El punto era el segundo y hasta donde se, Clinton no hizo mal el trabajo. ¿Importa entonces si era fiel, infiel, maniaco-depresivo o si tenía tendencias al sado-masoquismo? De nuevo, el punto se pierde.

Y perdón, pero aquí si veo una gran diferencia con México. No hay punto de comparación y espero realmente que nuestro país no pierda la inteligencia con la que cuenta hoy para juzgar a sus gobernantes. Habrá aquí quien me diga que Fox es pésimo presidente y hasta podría estar yo de acuerdo en ese juicio pero de plano no me puedo imaginar a Fox presentándose ante una comisión parlamentaria en el caso de que se le ocurriera serle infiel a su señora. Sería el colmo, ¿no? Se vale juzgar su desempeño como presidente (para eso le pagamos) y hasta opinar abierta y fuertemente en contra o a favor de sus decisiones pero meterse en cuestiones personales sería perder el punto como país además de un error garrafal que sólo nos haría perder tiempo y nos demeritaría. Que bajo caeríamos si perdiéramos el punto.

Y si mal no recuerdo, Carlos Salinas de Gortari anduvo en algo similar a lo de Clinton en la última parte de su mandato... ¿y hubo quien la hiciera de a tos? Si el señor fue fiel, infiel, si tuvo una amante, si luego se caso con ella o no, es asunto suyo y si sirvió de algo fue de chisme de lavadero entre los círculos políticos mexicanos de ese entonces. Punto. A Carlos Salinas de Gortari la historia mexicana lo ha juzgado por su desempeño político. Y aquí espero que todos estemos de acuerdo. Punto. No lo perdamos.
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