
Votar no sólo es mi derecho. Es también mi obligación. Y como buena ciudadana, junto con el autor de
uno de los blogs de política más visitados de la blogósfera mexicana, me encaminé hoy en la mañana a la central de autobuses de
la ciudad en donde vivo. Fuimos escoltados para la maravillosa Srita. Lennon.
¿Fue un picnic? No. Estaba hasta el keke. Hasta el keke y más. Fueron más de dos horas de espera en una fila que avanzaba prácticamente un paso cada 5 minutos. Pero entre turnos para descansar y fotografías encontramos la forma de no botar (con "b" de burro) todo por pura desesperación y salirnos del lugar antes de tiempo.
Entregué mi credencial de elector que aún sustenta mi dirección de la Ciudad de México. La jefa de casilla la vio y se la entregó al secretario de la misma. El señor, a su vez, me dio dos papeletas: una para presidente de la república y otra por senador de representación proporcional. Es hora que no entiendo por qué me pidieron que votara para un senador de representación proporcional del Estado de Veracruz siendo que yo legalmente habito en la Ciudad de México.
Votar fue rápido excepto por el pequeñito detalle de que la urna prácticamente se desarmó mientras estaba yo tachando la boleta por presidente. Y entre proteger mi voto para que nadie lo viera y evitar que me quedara de corona el tubo que sostiene la cortina de plástico que
se supone que te protege de miradas indiscretas no pude sacarle una foto a mi boleta. Me hubiera gustado hacerlo. Después me tocó una tinta deleble en el pulgar derecho. A siete horas de depositar mi voto ya no se nota.
Depositamos nuestras boletas, ambos sabiendo que nuestras perspectivas eran contrarias. Para evitar discusiones futiles mejor fuimos a comer a El Manguito. Rica comida, lento servicio, mucha televisión para mantenernos informados.
Es hora que no se quien ganó. Hace 25 minutos se habló de empate técnico para la presidencia de la República. No lo dudo ni por un momento.

Y es justo en estos momentos cuando recuerdo
la grandeza de Michael Moore cuando Bush salió reelegido. Moore llevaba casi 2 años haciendo una campaña casi oficial en su contra para que no se reeligiera basada en sus documentales y en sus presentaciones personales. Y cuando finalmente se dio cuenta de que el resultado había sido adverso, lo tomó con humildad. Con sentido del humor. Con el firme propósito de ser un ciudadano vigilante de todas las futuras acciones de aquel que había mostrado como un peligro para la ciudadanía estadounidense.
Y de Moore tomo lo mejor de su forma de protestar: Gane quien gane (aún si fuera Calderón) vigilaré que se cumpla lo prometido. Vigilaré que no se repitan errores del pasado reciente y el pasado priista. Y desde aquí, este muy pequeño espacio cibernético, hablaré de política nacional como lo hice en los últimos meses. Por el bien de todos. Por el bien de México.
Saludos domingueros.