
Les presento al Sr. Scott McClellan. El es vocero de la Casa Blanca.
El, como Jesse Jackson y como Dennis Courtland Hayes, presidente de la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color comparte una característica: su cerebro no da para más que para pensar que Estados Unidos, su cultura, sus tradiciones, sus hábitos y sus costumbres son imitados por el resto del mundo. Esto es, para ellos, quien establece los cánones, las buenas costumbres, las actitudes morales y lo que debería ser, es sólo su país. Y lo que se hace en su país, seguramente se hace en el resto del mundo.

Y lo anterior lo confirmó la declaración de McClellan del día de hoy en relación a la cancelación de cinco estampillas que brindan homenaje a Memín Pinguín, el fantástico personaje de Yolanda Vargas Dulché creado en la década de los 40 y que forjó toda una era de las historietas cómicas en México. Así, sin más, el vocero de la Casa Blanca soltó hoy la siguiente declaración: "La publicación de la estampilla es un asunto interno de México PERO los estereotipos raciales son ofensivos, no importa cuál sea su origen, y el Gobierno de México tiene que tenerlo en cuenta".
Y aquí vale la pena un par de comentarios al respecto. El primero por supuesto, es la prepotencia sin igual de decir "Es un asunto interno pero nos vale queso que lo sea" y acomodarle la siguiente frase que pretende aconsejar a nuestro gobierno que es lo correcto y que es lo incorrecto.
El segundo es mucho más lamentable. Se necesita, de veras una mente muy cerrada y un criterio del tamaño de una hormiguita (conocido también como ignorancia) para aseverar que en otros países existe discriminación, odio, hostilidad o poca tolerancia a cualquier grupo racial, de la misma manera como sucede en los Estados Unidos.


Y para ilustrarlos un poco y ampliarles el criterio, señores, me permito hacer de su conocimiento los siguientes hechos:
- Memín Pinguín es una caricatura que retrata las aventuras de un niño cubano el cual ha sido visualizado por varias generaciones de mexicanos como un niño que despierta ternura y cuya permanencia en el mercado de historietas cómicas le dio un lugar muy importante entre ellas debido a su gran popularidad.
Dicho en palabras simples, nadie lo odia, nadie se burla de él y si lo pintaron con labios gruesos es porque (con la pena) los negros tienen los labios gruesos. Que este factor físico característico de la raza negra sea una vergüenza y una pena para los negros que viven en Estados Unidos y un motivo de burla para la mayoría sajona blanca de ese país, ese no es nuestro problema. No es el caso en este país. - En México no existe el racismo. Lo que sí existe es el clasismo. Aquí puedes tener la piel de color verde o los labios como falda de hawaiiana pero si tienes dinero, tienes las puertas abiertas a donde quiera que vayas. Sin embargo, el odio y la discriminación tan palpable en los Estados Unidos y producto del racismo no se da abiertamente en México en cuanto a la diferencia de clases. Aquí quien trabaja arduamente logra una posición importante; si es indígena, blanco, negro, azul, amarillo o sajón, eso es lo de menos.
- Nosotros no nos enojamos porque nos digan morenos, prietos, negros o blancos. De hecho, es muy común que nos refiramos a una persona de color, como le llaman ustedes, con el apelativo "negrito", un diminutivo que denota cariño. Y esto, es mil veces mejor a ponernos histéricos y cuidar las formas más no el fondo. En otras palabras, es mejor decirle negro a un negro que negarle oportunidades de trabajo, estudio o simplemente ponerle tremendas palizas únicamente por el color de su piel... como ustedes comprenderán.
- Si de ofensas hablamos, me encantaría que me explicaran por qué ustedes no tienen problemas en caricaturizar a los mexicanos como flojos (cuando habemos miles de nosotros que hacemos del trabajo arduo y honesto nuestra forma de vida), rateros y sujetos dignos de burla en sus caricaturas. Ejemplo de esto son Speedy González y el personaje conocido como Pepe Trueno cuyo nombre en ingles es Baba-Looey, tan despectivo como suena.

La realidad es que hoy más que nunca, los negros, hispanos y asiáticos, entre otros grupos, siguen encontrando miles de trabas por parte de los sajones estadounidenses para llevar una vida digna.
Y si no lo quieren aceptar para fines de corrección política, no es problema nuestro. Y créanme, sí es de ustedes.







