Mi amigo Eduardo, compañero de (casi) toda la vida en cuestiones periodísticas, se encuentra de visita aprovechando sus vacaciones. Llegó el sábado pasado y de ahí, raudos y veloces, el autor de Cargamento y su bloguera de confianza :) lo invitamos a la Peña de Adán, un bar pequeño, cómodo y con karaoke, de esos lugares en los cuales te la pasas excelente y el tiempo se va como agua.
Y ya que no recibo visitas del DF muy continuamente, para mí fue muy importante mostrarle lo lindo que es Córdoba. De esta manera ayer domingo comimos en un pequeño restaurante, dimos varias vueltas a Los Portales, le mostramos alguno que otro edificio histórico del centro y concluimos el fin de semana con una merienda cuasi familiar viendo una película.
Hoy, lunes, y para que no dejara de sorprenderse, lo invité a que me acompañara a la universidad en donde estoy trabajando en las mañanas. Le hablé maravillas del lugar, lo sorprendente de su vegetación pero le subrayé lo que le había venido repitiendo desde el día en que llegó: lo mejor de Córdoba es su gente.
Ya de regreso y en vista de que tendría necesariamente que ir al centro a comprarle a la Srita. Lennon algunos artículos para su recién iniciado año escolar, Eduardo me comentó que iría conmigo y que aprovecharía la tarde para visitar el Museo Regional, caminar un poco en el centro y tomar varias fotos. De esta manera, lo dejé en la zona central de la ciudad no sin antes darle una tarjeta con el teléfono y la dirección exacta de la casa (en esta ciudad todas las calles y avenidas tienen números y si dices una por otra nomás no regresas). JC, quien se encuentra descansando el día de hoy me recibió un poco sorprendido ya que me esperaba más tarde pero lo anterior no fue impedimento para que nos fuéramos a descansar un poco mientras me daba el momento de ir a mi clase vespertina a la cual por cierto, jamás llegué.
El teléfono sonó y me agarró medio dormida. JC contestó e inmediatamente se puso muy serio. "Sí," escuché que decía, "Eduardo se encuentra hospedado aquí, es nuestro invitado, viene del Distrito Federal... ¿de dónde me dice que habla?". El silencio de varios segundos escuchando la respuesta se terminó con su interrupción: "¿Pero qué hizo? ¿Cómo que lo tienen detenido? ¡Vamos para allá!".
El salto y la salida de la casa fueron tan rápidos como nuestra llegada a la comandancia de la policía municipal, en donde lo primero que vimos fue un grupo de uniformados que voltearon a vernos al mismo tiempo.
- "¿Digame?", dijo un policía acercándose a nosotros.
- "Venimos porque nos informaron que aquí tienen detenido a Eduardo", contestó JC. "Queremos saber de qué se le acusa".
-"Pásele", nos indicó, "el comandante lo va a atender".
Y ahí, recargado en un escritorio tipo recepción, el comandante en turno, nos explicó lo sucedido:
-"Su amigo, que viene del DF, está acusado por la señorita que se encuentra ahí parada", dijo, señalando al mismo tiempo a una "señorita" de ropas apretadas, escote generoso, tacones altos, exceso de maquillaje barato y peinado de Cindy Lauper de los pobres, "parece ser que le tomó una fotografía sin pedirle permiso y la señorita exige que se le interrogue porque no sabe con qué fines la está fotografiando. Es más, el rollo de su cámara le fue confiscado y ahorita se está revelando. La fotografía y el negativo se le regresará a la señorita. Mientras, el Sr. Eduardo se encuentra en los separos".
JC y yo volteamos al mismo tiempo a ver a la parte acusadora. "Vamos... ven conmigo", me dijo, "con suerte y la hacemos entrar en razón para que retire la acusación porque a mí francamente me parece ridículo lo que está pasando".
Nos acercamos a la persona ésta que se encontraba acompañada de una amiga. JC le empezó a hablar. Se presentó y me presentó. Le dijo que Eduardo es amigo nuestro, que es conocido de muchos años y que se encuentra turisteando ya que está de vacaciones. Le pidió que reconsiderara, que no se había cometido ningún delito. La mujer, viendo a JC de manera retadora, le dijo lo que seguramente ya había repetido al comandante: que si no tenía ningún fin ilícito entonces que enseñara las fotos reveladas, que ahí se mostraría cómo la había estado observando ocultándose detrás de una de las columnas que se encuentran en Los Portales. JC, prudente, guardó silencio y decidió no responderle. Yo, por mi parte, decidí que no tenía ni media palabra que intercambiar con alguien que, a todas luces, se veía malintencionada y que, para colmo, tenía el prototipo de verdulera de mercado de mala muerte. Por su parte, la amiga se mantenía callada y siempre mirando hacia el suelo, sin apoyar las acusaciones de su conocida.
Regresamos con el comandante. "Las fotos estarán listas en 10 minutos, se están revelando. Las revisaremos aquí y si existe una foto como la descrita por la señorita se le dará a ella con todo y el negativo. Esperen, por favor".
Y no, no fueron 10, más bien fueron 20. Pero eso fue lo de menos ya que cuando llegó el deseado sobre con las fotografías reveladas y pagadas por la parte acusadora (tenía que probar su acusación, ¿no?), el comandante hizo que Eduardo, JC, la "señorita" y su amiga se acercaran a él para que todas las vieran al mismo tiempo. Yo prefería no acercarme, tanto para no hacer bulto como para evitar una de mis clásicos comentarios aniquiladores que sólo harían que la situación empeorara.
El comandante se dirigió a la tipa ésta (je.... de "señorita" a "tipa ésta" yo se que hay un buen trecho pero ya me está dando coraje de nuevo mientras escribo esto): "¿Es ésta la foto que usted dice?", le preguntó. La mona le dijo después de un titubeo obvio para todos los presentes: "Eh.... sí... sí... ésta es".
El comandante fue tajante: "Sr. Eduardo, queda usted libre por aclaración de hechos. Le entregarán sus pertenencias inmediatamente. Puede irse".
Y si quieren ver la foto de la polémica por la cual mi amigo pasó un muy mal rato en una ciudad que no es la suya, aquí se las presento:

¡Así es, señores! Créanlo o no, esta es la foto de la polémica. Esta es la foto por la cual una vil prostituta disfrazada de persona decente ofendida, acusó a mi amigo de estarla acosando y logró que estuviera una hora y media en los separos del Palacio Municipal de Córdoba. Ahí nomás.
Pero el asunto no termina aquí. Cuando escanée la foto para presentárselas a ustedes me puse a buscar el lugar donde se encontraba ella. Deduje inicialmente que tendría que estar en una de las mesas frontales, viendo directamente a Eduardo tomando la foto del Portal de Zevallos desde la Plaza 21 de Mayo. Y no, no la encontré ahí, la encontré aquí:

Y al hacer un acercamiento al lugar en donde finalmente la encontre, ¡oh sorpresa!, la nena no estaba con su amiga... estaba con un monito, ambos observando directamente a Eduardo:

Y con esto, ya nadie tiene nada que explicarme. El tipo (bigotón encerrada en el círculo) y la prostituta vieron a Eduardo, lo vieron solo, con la facha de un turista y se les hizo muy fácil intentar asustarlo para sacarle dinero. Y como no lo lograron, fueron hasta las últimas consecuencias, sólo que la vieja esta tuvo que buscar el apoyo de una cómplice para que pareciera que se encontraban desamparadas y que eran presas fáciles de un acosador.
Y después de esto, ya nadie me puede decir que el DF está lleno de inseguridad ¡nadie!. Una vez más confirmo que hay de todo en todos lados. Y hoy, justo hoy, me siento feliz de ser chilanga hospedada en un lindo estado, con vegetación maravillosa, café de primer nivel y con gente como la de cualquier lugar del mundo: de todos tipos.
Buen martes.
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Y ya que no recibo visitas del DF muy continuamente, para mí fue muy importante mostrarle lo lindo que es Córdoba. De esta manera ayer domingo comimos en un pequeño restaurante, dimos varias vueltas a Los Portales, le mostramos alguno que otro edificio histórico del centro y concluimos el fin de semana con una merienda cuasi familiar viendo una película.
Hoy, lunes, y para que no dejara de sorprenderse, lo invité a que me acompañara a la universidad en donde estoy trabajando en las mañanas. Le hablé maravillas del lugar, lo sorprendente de su vegetación pero le subrayé lo que le había venido repitiendo desde el día en que llegó: lo mejor de Córdoba es su gente.
Ya de regreso y en vista de que tendría necesariamente que ir al centro a comprarle a la Srita. Lennon algunos artículos para su recién iniciado año escolar, Eduardo me comentó que iría conmigo y que aprovecharía la tarde para visitar el Museo Regional, caminar un poco en el centro y tomar varias fotos. De esta manera, lo dejé en la zona central de la ciudad no sin antes darle una tarjeta con el teléfono y la dirección exacta de la casa (en esta ciudad todas las calles y avenidas tienen números y si dices una por otra nomás no regresas). JC, quien se encuentra descansando el día de hoy me recibió un poco sorprendido ya que me esperaba más tarde pero lo anterior no fue impedimento para que nos fuéramos a descansar un poco mientras me daba el momento de ir a mi clase vespertina a la cual por cierto, jamás llegué.
El teléfono sonó y me agarró medio dormida. JC contestó e inmediatamente se puso muy serio. "Sí," escuché que decía, "Eduardo se encuentra hospedado aquí, es nuestro invitado, viene del Distrito Federal... ¿de dónde me dice que habla?". El silencio de varios segundos escuchando la respuesta se terminó con su interrupción: "¿Pero qué hizo? ¿Cómo que lo tienen detenido? ¡Vamos para allá!".
El salto y la salida de la casa fueron tan rápidos como nuestra llegada a la comandancia de la policía municipal, en donde lo primero que vimos fue un grupo de uniformados que voltearon a vernos al mismo tiempo.
- "¿Digame?", dijo un policía acercándose a nosotros.
- "Venimos porque nos informaron que aquí tienen detenido a Eduardo", contestó JC. "Queremos saber de qué se le acusa".
-"Pásele", nos indicó, "el comandante lo va a atender".
Y ahí, recargado en un escritorio tipo recepción, el comandante en turno, nos explicó lo sucedido:
-"Su amigo, que viene del DF, está acusado por la señorita que se encuentra ahí parada", dijo, señalando al mismo tiempo a una "señorita" de ropas apretadas, escote generoso, tacones altos, exceso de maquillaje barato y peinado de Cindy Lauper de los pobres, "parece ser que le tomó una fotografía sin pedirle permiso y la señorita exige que se le interrogue porque no sabe con qué fines la está fotografiando. Es más, el rollo de su cámara le fue confiscado y ahorita se está revelando. La fotografía y el negativo se le regresará a la señorita. Mientras, el Sr. Eduardo se encuentra en los separos".
JC y yo volteamos al mismo tiempo a ver a la parte acusadora. "Vamos... ven conmigo", me dijo, "con suerte y la hacemos entrar en razón para que retire la acusación porque a mí francamente me parece ridículo lo que está pasando".
Nos acercamos a la persona ésta que se encontraba acompañada de una amiga. JC le empezó a hablar. Se presentó y me presentó. Le dijo que Eduardo es amigo nuestro, que es conocido de muchos años y que se encuentra turisteando ya que está de vacaciones. Le pidió que reconsiderara, que no se había cometido ningún delito. La mujer, viendo a JC de manera retadora, le dijo lo que seguramente ya había repetido al comandante: que si no tenía ningún fin ilícito entonces que enseñara las fotos reveladas, que ahí se mostraría cómo la había estado observando ocultándose detrás de una de las columnas que se encuentran en Los Portales. JC, prudente, guardó silencio y decidió no responderle. Yo, por mi parte, decidí que no tenía ni media palabra que intercambiar con alguien que, a todas luces, se veía malintencionada y que, para colmo, tenía el prototipo de verdulera de mercado de mala muerte. Por su parte, la amiga se mantenía callada y siempre mirando hacia el suelo, sin apoyar las acusaciones de su conocida.
Regresamos con el comandante. "Las fotos estarán listas en 10 minutos, se están revelando. Las revisaremos aquí y si existe una foto como la descrita por la señorita se le dará a ella con todo y el negativo. Esperen, por favor".
Y no, no fueron 10, más bien fueron 20. Pero eso fue lo de menos ya que cuando llegó el deseado sobre con las fotografías reveladas y pagadas por la parte acusadora (tenía que probar su acusación, ¿no?), el comandante hizo que Eduardo, JC, la "señorita" y su amiga se acercaran a él para que todas las vieran al mismo tiempo. Yo prefería no acercarme, tanto para no hacer bulto como para evitar una de mis clásicos comentarios aniquiladores que sólo harían que la situación empeorara.
El comandante se dirigió a la tipa ésta (je.... de "señorita" a "tipa ésta" yo se que hay un buen trecho pero ya me está dando coraje de nuevo mientras escribo esto): "¿Es ésta la foto que usted dice?", le preguntó. La mona le dijo después de un titubeo obvio para todos los presentes: "Eh.... sí... sí... ésta es".
El comandante fue tajante: "Sr. Eduardo, queda usted libre por aclaración de hechos. Le entregarán sus pertenencias inmediatamente. Puede irse".
Y si quieren ver la foto de la polémica por la cual mi amigo pasó un muy mal rato en una ciudad que no es la suya, aquí se las presento:

¡Así es, señores! Créanlo o no, esta es la foto de la polémica. Esta es la foto por la cual una vil prostituta disfrazada de persona decente ofendida, acusó a mi amigo de estarla acosando y logró que estuviera una hora y media en los separos del Palacio Municipal de Córdoba. Ahí nomás.
Pero el asunto no termina aquí. Cuando escanée la foto para presentárselas a ustedes me puse a buscar el lugar donde se encontraba ella. Deduje inicialmente que tendría que estar en una de las mesas frontales, viendo directamente a Eduardo tomando la foto del Portal de Zevallos desde la Plaza 21 de Mayo. Y no, no la encontré ahí, la encontré aquí:

Y al hacer un acercamiento al lugar en donde finalmente la encontre, ¡oh sorpresa!, la nena no estaba con su amiga... estaba con un monito, ambos observando directamente a Eduardo:

Y con esto, ya nadie tiene nada que explicarme. El tipo (bigotón encerrada en el círculo) y la prostituta vieron a Eduardo, lo vieron solo, con la facha de un turista y se les hizo muy fácil intentar asustarlo para sacarle dinero. Y como no lo lograron, fueron hasta las últimas consecuencias, sólo que la vieja esta tuvo que buscar el apoyo de una cómplice para que pareciera que se encontraban desamparadas y que eran presas fáciles de un acosador.
Y después de esto, ya nadie me puede decir que el DF está lleno de inseguridad ¡nadie!. Una vez más confirmo que hay de todo en todos lados. Y hoy, justo hoy, me siento feliz de ser chilanga hospedada en un lindo estado, con vegetación maravillosa, café de primer nivel y con gente como la de cualquier lugar del mundo: de todos tipos.
Buen martes.















