El amor es ciego a primera vista

EL AMOR ES CIEGO A PRIMERA VISTA
Por Julio César Jiménez Alarcón

Esa mañana al pasar frente al puesto de revistas, vi una cara muy familiar para mí en la portada de una revista. Por unos segundos pasé de largo, pero algo me hizo regresar mis pasos y me detuve a mirarla con detenimiento. Me impresionó un poco, lo confieso, pero la cara de la artista conceptual japonesa más famosa del mundo (o al menos del mío) me hizo meditar a cerca de esa trillada frase “El amor es ciego a primera vista”

En la portada estaba una Yoko Ono en edad demasiado avanzada y con una minúscula sonrisa como de “Monalisa.” Aunque no me pareció atractiva a primera vista, algo extraño me hizo sentir. De momento no le di importancia y me retiré del puesto de revistas tarareando: “Oh my love for the first time in my life… My eyes are wide open. Oh my lover for the first time in my life… My eyes can see”…

Confieso que me pregunté en el trayecto al trabajo: ¿Cómo una cara tan rara haya sido la inspiración del entonces joven Lennon? ¿Cómo pudo haber tanto amor loco entre dos seres sumamente extraños? A decir verdad, crecí toda mi vida sin darme cuenta de que “el amor a primera vista” en verdad existe. Siempre pensé que Lennon en medio de sus drogas y de su interminable costumbre de buscar nuevos conceptos de no sé qué demonios, si musicales o artísticos, se había refugiado en Yoko para darles gusto a aquellos que pensaban que estaba loco. Siempre pensé que esa japonesa “dizque” artista conceptual, era otra más de las excentricidades de Lennon, pero al reflexionarlo un poco, creo que me equivoqué.

Cuando era más joven, me preguntaba si de verdad ¿Yoko era su otra mitad o es que John se sentía tan vacío? ¿Cómo había sido capaz de cambiar a Cynthia Powell (que no estaba tan mal) por algo como eso? ¿Qué demonios viste en Yoko, John?

A simple vista Yoko era sólo una mujer pequeña de estatura (por supuesto) de cabellos negros, ojos rasgados y con una mente volátil y audaz, capaz de seducir con un pequeño y minúsculo “YES”. Pero ¡qué equivocado estaba! No quiero decir que la artista sea la mujer más bella del planeta, pues yo no me drogo. Pero hasta ahora comprendí que el amor es taaan ciego a veces, que puede estar pasando frente a tus ojos y tú ni te des cuenta.

Esa mañana al llegar a la oficina y después de quitarme el abrigo, encendí un cigarro como de costumbre, y en medio de una taza de café, sentí una imperiosa necesidad de escuchar la música del maestro John. Encendí también la computadora y puse uno de sus discos. Al escucharlo atentamente, pasaron mil cosas por mi mente y llegué a la conclusión de que John estaba sumamente enamorado y además necesitaba de alguien que le siguiera sus fiebres y locuras. Alguien que apreciara su arte y lo entendiera. Yoko supo darle a John lo que quería, aunque supongo que también sabía lo que se estaba metiendo en la bolsa… Yoko le cambió sus fantasías por las suyas y le dio alas nuevas. John & Yoko hicieron realidad sus pensamientos y supongo que eso contó mucho. Tal vez John vio en ella a la madre que nunca tuvo, pues ella con siete años más que él de alguna forma ya se sabía de todas, todas. No es que justifique a John pero al ver su amor hacia ella, me di cuenta que hay distintas formas de ver o de encontrar el amor que crees que no encontrarás en ninguna parte… aun cuando lo encuentres. Me di cuenta que el amor va más allá de una cara bonita y que Yoko era como esa flor que nace en el pantano. De cualquier forma y como sea, “eso” que había debajo de esa extraña cabellera negra y larga, era una mujer. No una mujer cualquiera (aunque se vestía como tal)… Era una mujer tan especialmente fea en plano físico, y tan mental o espiritual, que fue capaz de abrir y liberar la mente y espíritu de Lennon para que éste compusiera de tan maravillosa manera. Creo que de alguna forma, el mundo está en deuda con Yoko (aunque no les guste), pues a ella le debemos que hoy podamos escuchar “Woman” “#9 Dream” “Jealous Guy”, “How”, “Watching the Weels”, “Just like Starting Over” entre muchas otras…

De momento me llegó un sentimiento de culpa por haberme referido a ella durante tantos años, como la “loca aprovechada de las locuras y mal viajes de Lennon”. “La escoria greñuda que hizo que los Beatles se separaran”. “La pigmea prehistórica hippie asalta Beatles y asalta cunas” y de muchas otras tantas ofensas que me siguen fluyendo en la mente y que deben detenerse.

Yoko Ono, donde estés: No hagas caso nunca más de los millones de insultos que fuiste acumulando durante años. Espero puedas perdonar a todos los que gritamos hacia ti nuestra furia de haber estado como sombra, como moco, como chicle pegada a John. Creo que todos hemos estado equivocado todos estos años por tratarte de una forma muy despectiva… pero bueno… ¡Ya lo hicimos!

Ahora que pase por el puesto de periódicos y vea a esa cara tan familiar impresa en esa revista que seguramente no compraré, con el pensamiento te agradeceré:

¡Yoko, aprendí la lección!…

“El amor es ciego si lo ves a primera vista”…

Yes I Believe

 


El Blog de Tere agradece a Julio César Jiménez Alarcón su gentileza en autorizar la publicación de su texto.

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