Durante mi embarazo, el de la Srita. Lennon, me divertía un poco ver que muchas mujeres que me rodeaban, familiares, amigas, vecinas y hasta alguna que otra desconocida, se ufanaban en hacerme saber que podían predecir si mi bebé iba a ser niño o niña. Muchas se aventuraban a tocarme el vientre. Otras colgaban de una cadena de oro un anillo del mismo metal y hacían algún tipo de experimento raro cerca de éste. De todas ellas, el 99% decidió que lo que yo estaba esperando era, sin lugar a dudas, un niño y no contentas con esta predicción, hasta me aconsejaban el nombre que debía ponerle a mi primer (y único) retoño: el nombre de mi padre acompañado de algún otro. Tanta fue la insistencia que yo casi terminé creyéndome lo que me decían y, como señalé en algún post pasado, casi desde el primer trimestre de mi embarazo tenía yo listo el nombre para mi hijo varón: Alan Francisco.
Sin embargo, muy en el fondo, yo sabía que el ser que habitaba en mi interior no era un niño. Algo me decía que me debía preparar para recibir a una bebé que llegaría a este mundo a enseñarme mil cosas que yo ni imaginaba en esos momentos y que debía estar lista de todo a todo para lograr que esta nueva habitante del mundo llegara a esta vida para hacer historia, para romper esquemas y para convertirse en un ser humano mucho más completo y con muchas más posibilidades de éxito de las que yo y su padre biológico hemos tenido. Supe desde entonces que mi labor era formar a alguien que cumpliera la primicia básica para tener hijos: que sean mejores que tú en todos los sentidos.
Han pasado 16 años y medio desde que escuché la frase "Felicidades, es una niña. Es hermosa, nació sana y son las 8:32 de la mañana" y esas palabras no sólo me confirmaron por enésima vez que ya era hora de que escuchara a mi intuición sino, además, me dejaron claro que la labor que venía por delante iba a ser prácticamente titánica: ahí nada más, me acababa de echar encima el gran numerito de formar a una mujercita, de darle valores, de enseñarle qué es correcto y qué no lo es y de estar preparada para desprenderme de ella en algún momento para entregársela al mundo y dejar que se desenvolviera en él por su cuenta con todos los aciertos y errores que pueda cometer por sí misma. Sólo eso... :S
Debo confesar que los primeros 14 años de la vida de la Srita. Lennon fueron maravillosos y suavecitos. Dado que su padre biológico salió de nuestras vidas antes de que cumpliera dos años de edad, Lennon (el nombre con el cual, de repente, la llamo y al cual responde inmediatamente) se apegó a su mamá y fue primordialmente dócil y cariñosa. De hecho, su amor por John Lennon (el original) nació a sus tiernos 10 años primero por que era el Beatle que más le gustaba físicamente y, segundo, por hacer un contrapeso que equilibrara la obvia preferencia que sentía yo por McCartney en mis primeros años de beatlera activa.
En los últimos dos años el asunto ha cambiado un poco. Ahora, la Srita. Lennon ya dejó de ser la nena dócil y obediente que siempre conocí y se ha convertido en una adolescente con perspectivas propias, con puntos de vista que a veces no me hacen mucha gracia y con un corazoncito propio que late muy fuertemente. Aunado a lo anterior, esta adolescente se ha enfrentado a momentos muy difíciles que no tendría por qué haber vivido a su corta edad: dejar, de un momento a otro y sin que se le concediera voz ni voto, la ciudad que la vio nacer para irse a vivir a un lugar desconocido, y dos años después, regresar de tajo totalmente decepcionada de quien se vendió ante ella como la figura paterna ideal en ese periodo; un golpe que le llegó de refilón sin que la debiera ni la temiera pero que, aquí entre nos, le dio una perspectiva muy realista de que la vida no es siempre como una la desea. Aún así, recientemente esta hermosa mujercita, con una grandeza de alma que sorprende, tomó para sí otra figura paterna que, al momento, la satisface dado que es lo suficientemente ausente como para no modificarle su estilo de vida pero que cuenta con gran autoridad moral para proporcionarle una guía masculina adulta que no deja de serle necesaria y que le proporciona parcialmente el cariño que su padre biológico nunca le dio.
Y sí, a pesar de que el 2008 y el recién llegado 2009 han sido años de confirmaciones por parte de ambas, es justo en estos meses cuando hemos vivido situaciones maravillosas que nos han acercado más como madre e hija y que nos han hecho descubrirnos como mujeres, independientemente de nuestro lazo de sangre. Entre ellas, hay un par de momentos memorables que quedarán en mi memoria hasta el día que muera.
Uno de ellos, inolvidable por mi emoción y por su cara de enojo, fue el que se dio hace tres o cuatro semanas en una salida inocente a comer deliciosa barbacoa en el famosísimo mercado de la Colonia Portales. Más tardamos en sentarnos para ordenar nuestra comida que el dueño del puesto, un cincuentón canoso y con obvias ganas de serle infiel a su pobre esposa que estaba cocinando mientras él sólo se encargaba de tomar las órdenes de los clientes, le preguntó a la Srita. Lennon si éramos hermanas. La reacción inmediata fue un breve y enojado "¡Es mi mamá, señor!" acompañado de un abrazo inmediato que casi me sofocó y que denostó una posesión total que terminó conmoviéndome muy por encima de la emoción que me dio el saber que alguien podría pensar que la Srita. Lennon y yo pudiéramos ser hermanas.
El segundo, totalmente llegador y hasta desgarrador, se dio el día de hoy, cuando nos sentamos a disfrutar la tarde de viernes y nos pusimos a ver videos en YouTube.com alternando uno seleccionado por ella y otro por mí y diciéndonos por qué lo poníamos y por qué nos gustaba el artista en turno. Y el que les pondré a continuación fue uno seleccionado por ella y que, lamentablemente, más tardo en empezar que nosotras en empezar a llorar, primero discretamente para que la otra no se diera cuenta y después tomándonos de la mano para hacerle entender a la otra que ambas sabemos muy bien lo que es un corazón roto; cada quién bajo su experiencia y bajo su nivel:
Sí, mi nena, yo se que ambas sabemos lo que es perder. Y sin embargo, aquí estamos las dos, apoyándonos y enfrentando el futuro como sólo las grandes mujeres lo hacen: sabiendo que podemos solas, confiando en nuestras capacidades y sin la ayuda de nadie.
Buen fin de semana.
Sin embargo, muy en el fondo, yo sabía que el ser que habitaba en mi interior no era un niño. Algo me decía que me debía preparar para recibir a una bebé que llegaría a este mundo a enseñarme mil cosas que yo ni imaginaba en esos momentos y que debía estar lista de todo a todo para lograr que esta nueva habitante del mundo llegara a esta vida para hacer historia, para romper esquemas y para convertirse en un ser humano mucho más completo y con muchas más posibilidades de éxito de las que yo y su padre biológico hemos tenido. Supe desde entonces que mi labor era formar a alguien que cumpliera la primicia básica para tener hijos: que sean mejores que tú en todos los sentidos.
Han pasado 16 años y medio desde que escuché la frase "Felicidades, es una niña. Es hermosa, nació sana y son las 8:32 de la mañana" y esas palabras no sólo me confirmaron por enésima vez que ya era hora de que escuchara a mi intuición sino, además, me dejaron claro que la labor que venía por delante iba a ser prácticamente titánica: ahí nada más, me acababa de echar encima el gran numerito de formar a una mujercita, de darle valores, de enseñarle qué es correcto y qué no lo es y de estar preparada para desprenderme de ella en algún momento para entregársela al mundo y dejar que se desenvolviera en él por su cuenta con todos los aciertos y errores que pueda cometer por sí misma. Sólo eso... :S
Debo confesar que los primeros 14 años de la vida de la Srita. Lennon fueron maravillosos y suavecitos. Dado que su padre biológico salió de nuestras vidas antes de que cumpliera dos años de edad, Lennon (el nombre con el cual, de repente, la llamo y al cual responde inmediatamente) se apegó a su mamá y fue primordialmente dócil y cariñosa. De hecho, su amor por John Lennon (el original) nació a sus tiernos 10 años primero por que era el Beatle que más le gustaba físicamente y, segundo, por hacer un contrapeso que equilibrara la obvia preferencia que sentía yo por McCartney en mis primeros años de beatlera activa.
En los últimos dos años el asunto ha cambiado un poco. Ahora, la Srita. Lennon ya dejó de ser la nena dócil y obediente que siempre conocí y se ha convertido en una adolescente con perspectivas propias, con puntos de vista que a veces no me hacen mucha gracia y con un corazoncito propio que late muy fuertemente. Aunado a lo anterior, esta adolescente se ha enfrentado a momentos muy difíciles que no tendría por qué haber vivido a su corta edad: dejar, de un momento a otro y sin que se le concediera voz ni voto, la ciudad que la vio nacer para irse a vivir a un lugar desconocido, y dos años después, regresar de tajo totalmente decepcionada de quien se vendió ante ella como la figura paterna ideal en ese periodo; un golpe que le llegó de refilón sin que la debiera ni la temiera pero que, aquí entre nos, le dio una perspectiva muy realista de que la vida no es siempre como una la desea. Aún así, recientemente esta hermosa mujercita, con una grandeza de alma que sorprende, tomó para sí otra figura paterna que, al momento, la satisface dado que es lo suficientemente ausente como para no modificarle su estilo de vida pero que cuenta con gran autoridad moral para proporcionarle una guía masculina adulta que no deja de serle necesaria y que le proporciona parcialmente el cariño que su padre biológico nunca le dio.
Y sí, a pesar de que el 2008 y el recién llegado 2009 han sido años de confirmaciones por parte de ambas, es justo en estos meses cuando hemos vivido situaciones maravillosas que nos han acercado más como madre e hija y que nos han hecho descubrirnos como mujeres, independientemente de nuestro lazo de sangre. Entre ellas, hay un par de momentos memorables que quedarán en mi memoria hasta el día que muera.
Uno de ellos, inolvidable por mi emoción y por su cara de enojo, fue el que se dio hace tres o cuatro semanas en una salida inocente a comer deliciosa barbacoa en el famosísimo mercado de la Colonia Portales. Más tardamos en sentarnos para ordenar nuestra comida que el dueño del puesto, un cincuentón canoso y con obvias ganas de serle infiel a su pobre esposa que estaba cocinando mientras él sólo se encargaba de tomar las órdenes de los clientes, le preguntó a la Srita. Lennon si éramos hermanas. La reacción inmediata fue un breve y enojado "¡Es mi mamá, señor!" acompañado de un abrazo inmediato que casi me sofocó y que denostó una posesión total que terminó conmoviéndome muy por encima de la emoción que me dio el saber que alguien podría pensar que la Srita. Lennon y yo pudiéramos ser hermanas.
El segundo, totalmente llegador y hasta desgarrador, se dio el día de hoy, cuando nos sentamos a disfrutar la tarde de viernes y nos pusimos a ver videos en YouTube.com alternando uno seleccionado por ella y otro por mí y diciéndonos por qué lo poníamos y por qué nos gustaba el artista en turno. Y el que les pondré a continuación fue uno seleccionado por ella y que, lamentablemente, más tardo en empezar que nosotras en empezar a llorar, primero discretamente para que la otra no se diera cuenta y después tomándonos de la mano para hacerle entender a la otra que ambas sabemos muy bien lo que es un corazón roto; cada quién bajo su experiencia y bajo su nivel:
Sí, mi nena, yo se que ambas sabemos lo que es perder. Y sin embargo, aquí estamos las dos, apoyándonos y enfrentando el futuro como sólo las grandes mujeres lo hacen: sabiendo que podemos solas, confiando en nuestras capacidades y sin la ayuda de nadie.
Buen fin de semana.










En algo nos parecemos ustedes y nosotras ( mi mamá y yo), aunque solitas pues estamos juntas apoyándonos una a la otra cada día.
Con nuestras diferencias y alguna que otra necedad, pero tratamos de seguir adelante.
Saludos y besos.
Reafirmo lo que te he venido comentando cada vez que nos vemos Tere: Dany es única!!
Y juntas hacen un gran dúo. Cuidense mucho y diganse lo tanto que se adoran las 2.
Las quiero! ;)
Tere, yo también pasé por esa situación hace algunos años, con la adolescencia de mi hija yo pensé en algún momento donarla a una escuela de arte dramático.
Después vino la calma, la oportunidad de tratarnos de conocernos y de amarnos mucho y muy intensamente.
Hoy disfruto sin lugar a dudas de su compañia, de sus arrebatos, de su prisa por llegar antes, de sus pasos largos y los mios más cortos, de su pensamiento ágil y el mío más analítico, de sus pláticas a veces intrascendentes otras profundamente maduras, cuánto disfruto de mi hija, mía sólo mía, porque yo la formé, la eduqué y le inculqué valores, de mi obra. De una excelente esposa, una inmejorable madre y del regalo de Dios o de la vida por haberme dado a esta hija que quiero tanto...
Abrazos fraternales, tiene usted la mejor oportunidad de hacer la mejor amiga de su vida y para toda la vida...
Pues graciias Nancy, edna & xelaxel x sus comentarios..!
espero que la buena relacion con mi ma' pueda seguir
Cuidense!!
D. LennOn*