
Dinero, lana, varo...
Esas son las tres palabras que uso para referirme a aquello que todos amamos tener, que extrañamos terriblemente cuando no está, sobre el cual ponemos nuestra tranquilidad o felicidad y que nunca le hacemos el feo.
Ustedes no están para saberlo ni yo para contárselo pero aquí un poco de mi historia personal: la hermosa y enorme casa familiar que la familia Chacón tuvo en una colonia del sur de la Ciudad de México, en una zona lujosamente residencial, se perdió poco después de la muerte de mi padre. En tres patadas, una familia que llevó un nivel de vida de clase media alta que incluía viajes eventuales de placer a los Estados Unidos, adquisición de lo que se necesitara en la mejor tienda departamental del país y costosas comidas o cenas en restaurantes de primer nivel, se quedó prácticamente en cero y tuvo que empezar de nuevo y, para colmo, sin el encargado de proveer lo que fuera necesario.
No voy a tirarme al drama y decirles que fue una época difícil sino simplemente les voy a decir la verdad: fue la época más espantosa de mi vida ya que, a mis tiernos 20 años y sin experiencia alguna en la vida, de repente me vi en la necesidad de dejar de estudiar y ver cómo podía colaborar en mantener el pequeño departamento al que fuimos a dar mi madre, mi hermano y yo después de la muerte de mi padre. Fue una época horrible pero también altamente formativa ya que aprendí por la mala algo que veo que muy poca gente entiende: el valor de un ser humano depende de lo que él mismo genera a cualquier nivel, no solo el económico, y no de lo que sus padres generaron. Es hora que sigo viendo en cualquier ámbito personas de cualquier edad que se cuelgan del dinero, nombre o prestigio de sus padres y que creen que valen mucho sólo por eso. Y, la verdad, me dan mucha pena porque de ellos no se puede decir nada más que son sólo un intento de personas que se conformaron con deambular por la vida saludando con el sombrero del esfuerzo ajeno.
Todo esto se los comento porque acabo de ver en el periódico español El País una nota en donde se da cuenta del gran berrinche que está haciendo Françoise Bettencourt Meyers dado que su madre, Liliane Bettencourt, la mujer más rica de Francia y accionista principal de la empresa L'Oreal, le regaló una lanita a un cuate y está metiendo una demanda en los tribunales franceses para que incapaciten a su propia madre para que no esté regalando su fortuna (que a ella le tocará después, claro).
Según veo, la hoy millionaria Liliane no empezó al nivel de su padre, el fundador de tan prestigiada marca francesa, sino que empezó de cero, a los 15 años, pegando etiquetas en los cosméticos que su padre fabricaba. Ahora, a los 86 años y viuda, esta señora está disfrutando de la vida con su amigo, el fotógrafo Françoise-Marie Banier, a quien le acaba de regalar mil millones de euros nada más porque se le dio la gana. Bueno, ¿y qué no se lo ganó? ¿Qué hacen ustedes con su dinero? Lo que mejor les parece, ¿no es así? ¿Por qué dejarle al mundo un junior o una mantenida fifí más si el dinero generado por el esfuerzo propio es precisamente para disfrutarlo? Señora Bettencourt, saque a su hija de su testamento y permita que se vuelva una persona completa al experimentar en carne propia cuánto cuesta generar dinero por uno mismo; sólo así sabrá que cumplió como madre lo que debió haber hecho desde un principio.
¿No pasaba lo mismo con la hija de Octavio Paz que reclamaba el dinero de su padre para ser feliz sin más mérito que el ser su hija y para que la segunda esposa de su papá no se quedara con él? Peor aún, ¿quien dijo que el exceso de dinero hace feliz a las personas?
Sí, yo se bien que tener dinero da felicidad y, sobre todo, tranquilidad (díganmelo a mí... :S) pero como todo en la vida, lo óptimo es el justo medio. Ser millonario, créanmelo, no es garantía de felicidad alguna sino al contrario, es la condena a vivir aislado, temeroso de la envidia ajena, con la certeza de quien se te acerca lo hace no por ti sino por tu varo y con la permanente angustia de que alguien puede secuestrar a los tuyos y matarlos sin piedad tal como le sucedió al Sr. Nelson Vargas que, no lo duden, en estos momentos está pasando por el peor de los sufrimientos sin que su mucho dinero lo pueda aliviar. Terrible y lamentable, ¿no?
Y en cuanto a su bloguera de confianza, no, jamás pude (no hasta el momento) lograr por mí misma lo que mi padre logró con su gran esfuerzo: una casa propia en una zona residencial, lujos para la Srita. Lennon y viajes al exterior del país para ilustrarla. Sin embargo, lo poco que tengo y lo que le he podido dar a mi única hija es, orgullosamente, el resultado de mi esfuerzo, el suficiente para ver una hermosa adolescente que está entendiendo que nada en la vida es gratis y que las personas se vuelven grandes en la misma medida que sus esfuerzos para ser alguien en la vida. Y para mí, esto es más que suficiente.
Buen martes.










Tere, tienes razon el hacer una fortuna despues te convierte en esclavo de la misma, es un dilema de los cuales la vida misma nos lleva a nuestro destino y nos otorga frutos y recompensas en la medida de el esfuerzo, talento y suerte.
"Como seamos ricos o pobres debemos de aprender a disfrutar lo que tenemos y ser felices con eso."
Lo que tenemos no debemos de comparandolo con lo que no tenemos, porque si buscamos la felicidad en lo que no tenemos seremos infelices en todos los aspectos material, economico, espirutual y fisico.
Un saludo y fuerte abrazo
P.D. que pena lo de tu celular, pero estamos de cualquier manera en contacto.
Es cierto, Marco, no hay como disfrutar lo que tenemos y además agradecerlo.
Mi cel ya está reportado como perdido y me dicen que me darán el mismo número por lo que seré nuevamente beatlera feliz en un par de semanas :) En el inter, un fuerte abrazo y mis mejores deseos para ti en estas fiestas.
Hola Tere: Tal vez, sólo tal vez, en nuestros días se le dé más importancia al dinero que a otros valores como el respeto, la solidaridad... o a lo mejor no tienen buena prensa. De lo que estoy seguro es que el día que pasemos a la otra vida no podremos llevarnos más que el buen karma que hayamos generado.
Estamos aquí para evolucionar, con o sin dinero.
No es malo tener dinero, sólo hay que saber usarlo como la herramienta que es, y no dejar que éste nos posea a nosotros.
Te mando un beso desde Argentina,
Quique.
¡Gracias, Quique!
Es siempre un gusto ver tu nombre y ahora en mi blog. Te mando un beso y un abrazo también.
Tere:
Pues coincido contigo en que de nada te sirve el dinero, si en tu interior no tienes tranquilidad.
También estoy de acuerdo contigo en que valoras mucho más las cosas que son producto de tu esfuerzo y trabajo y pues a pesar de la época difícil que tuviste que afrontar junto a tu familia cuando tu padre falleció, la mejor herencia que te pudo haber dejado fue esa precisamente, el aprender a darle el justo valor a las cosas que realmente la tienen y eso es algo que tu también le estás transmitiendo a La Srita. Lennon.
Te mando un gran abrazo.
Por aquí te sigo leyendo.