Me entero hoy que el escritor mexicano Carlos Monsiváis le echó su buena criticada a los periódicos en Bogotá ayer señalando que "quieren ser blogs".
Y bueno, esta discusión es totalmente añeja y se ha dado en blogs y publicaciones impresas desde, por lo menos, hace 4 años, saliendo como ganador absoluto en ese entonces y, no dudo que ahora, los blogs.
¿Cuál es la queja? Una básica. A los periodistas por vocación (que son menos de los que cualquiera creería) los mata darse cuenta que, finalmente, los periódicos son negocios y que se conducen como tales: escriben para que sus ejemplares se vendan.
Dado lo anterior, si eres periodista por vocación y congruente contigo mismo, prepárate a traicionar tus bases si tu interés es ingresar a la nómina de un periódico impreso mexicano. Ahí valdrá queso cualquier intención tuya de reportar los hechos de manera objetiva con el sagrado propósito de mantener al público informado de la verdad.
De hecho, no hay de otra, o te alíneas escribiendo lo que se te indique y como se te indique o vas por tu cuenta. Si estás de acuerdo, si no estás de acuerdo, si te parece que
el manual de estilo de AP está desactualizado, si crees que la esposa del dueño es sólo una muñequita de plástico con la capacidad cerebral de un ratón que sólo vive para salir en la sección de sociales, si crees que la amante de tu jefe lo está manipulando para que tú escribas maravillas sobre su nueva empresa financiada por él, si a fuerza tienes que alabar y apoyar al hijito del dueño que es todo un tribilín que tomó las riendas de la empresa por su papi y no por su capacidad, si odias ver que tu jefe inmediato es un verdadero estúpido sin visión periodística alguna y, a pesar de todo lo anterior, sigues permitiendo que se te compre (a ti y a tu forma de redactar) de manera semanal, entonces ya puedes decir que sí, efectivamente, traicionaste algo que era sagrado para ti.
De mi estancia en The News, el único periódico en inglés de la Ciudad de México con un número aceptable de periódicos vendidos diariamente durante los 90 (para ser un diario en inglés), recuerdo la cara de decepción de los editores y reporteros cuando se enteraban de una realidad aplastante: la publicación que financiaba a The News no era The News... era el Libro Vaquero. Así fue: el periódico subsistía no por las cualidades periodísticas de sus reporteros y editores sino por los monitos cachondos de la publicación hermana.
Esto sucede en cualquier diario impreso. Por ejemplo, si estás en El Universal y crees que que no debes someterte, estás en un error. Lo debes hacer porque el periódico se vende como se vende en gran parte por su sección de clasificados, El Aviso Oportuno. Es decir, mientras tu apellido no sea Zabludovsky, Loret de Mola, D'Artigues o Rocha, entre otros, sólo engrosarás las filas de los periodistas que se vendieron para escribir como se les indique y sobre lo que se les indique. Y en cuanto a los diarios de provincia, mejor ni hablamos: dueños con mentalidad de juniors siempre dan como resultado pseudo-periodistas vendidos al servicio de los intereses de los juniors; ahí no hay más.
Para colmo, los periódicos impresos sólo son locales ya que el tener un
sitio web sólo les reporta ganancias en cuanto a anunciantes que son
las mínimas en comparación a las que generan sus versiones impresas.
Por su parte, un blog sólo garantiza una cosa: libertad total para escribir lo que se te dé la gana y como se te dé la gana. Eso es todo, no garantiza más. El resto hay que buscarlo y trabajar arduamente para conseguirlo: credibilidad, continuidad, prestigio y excelente material, objetivo y veraz.
Por si lo anterior fuera poco y el esfuerzo no fuera el doble, también hay que ser constante, hay que realizar labores de promoción y respetar profundamente aquello que estás formando con tu esfuerzo diario. El dinero, la aceptación mundial y los reconocimientos sólo llegan después de que te brindaste la satisfacción de haber permanecido fiel a ti mismo.
Si tu blog es bueno se verá. Si no lo es, también se verá. Los blogs, a diferencia de los periódicos, retoman la ilusión inicial con la cual se abrieron los grandes diarios a principios del siglo pasado y que los actuales ya olvidaron desde hace mucho: que se venda por ser el mejor, el más objetivo, el más veraz y el que brinda a los lectores lo que ellos deben de saber. Un blog popular es indicativo de buena redacción, grandes temas, constancia, perseverancia y, sobre todo, respeto por parte de su autor a sus escritos. No en vano los grandes escritores tienen uno...
¿Que la mayoría de los blogs son malos? Así es. La mayoría de periódicos también lo son aunque la diferencia es que ellos se venden por dinero mientras que los blogueros malos sólo reciben como aliciente las visitas de sus familiares y amigos inmediatos, nada más.
Aquí, en México, existen por lo menos cinco blogs que nos deberían hacer sentir a todos los mexicanos más que orgullosos por su alto ranking a nivel mundial y la dedicación con la que sus autores los engrosan presentando escritos de mucha calidad y de cualquier tema.
Búsquenlos; no olviden que el que busca, encuentra cosas de calidad entre mucha basura.
Buen inicio de semana.