
De izquierda a derecha: Otto, Víctor, Tere, Mauricio, Hugo Antonio, Alejandro y Rafael
En octubre pasado, justo en el momento en el que mi vida dio un giro de 180 grados, recibí una oferta casi enviada desde el cielo: representar a una banda beatlera. Esta llegó por parte de sus cuatro integrantes quienes, además de poner en mis manos sus talentos individuales como artistas, me entregaron su confianza plena para que yo lograra convertirlos en un grupo reconocido y con un nivel sólido en el medio beatlero mexicano dado que llevaban sólo unos meses abriéndose brecha.
Les confieso que no tenía idea en qué me estaba metiendo a pesar de que hice un buen esfuerzo para aparentar lo contrario. Sin embargo, lo anterior no fue impedimento para iniciar un camino que hasta ese momento había sido desconocido para mí (dado que mi rumbo había sido, hasta ese momento, el de conferencista y conductora de eventos) y que me permitió entrar a un mundo en el cual nunca había estado: la vida interna de un grupo de artistas que tienen un objetivo en común y que conviven durante muchas horas a la semana.
Esa convivencia cuasi-diaria a la cual se someten los grupos musicales, como se lo pueden imaginar, no siempre es la óptima. Además de ser cuatro individuos con su propio nivel de talento musical e interpretativo, mis representados (como el resto de nosotros, los simples mortales que nacimos sin talento musical) ostentaban la calidad de seres humanos con todo lo que esto implica: tenían días buenos, días malos, días regulares y otros, simplemente, pésimos. Lo que yo viví con ellos durante el tiempo en el que fui parte de esa banda probablemente nunca será del dominio público en su totalidad pero de este muy corto periodo me quedo, entre otras cosas, con un gran aprendizaje de vida y con la experiencia inolvidable de haber sentido emociones extraordinarias durante aquellos eventos y festivales en los cuales tuve el orgullo de presentarlos. Los cuatro integrantes de aquella, mi primera banda, llegaron a ocupar no sólo una parte muy importante de mis pensamientos sino alcanzaron un lugar fundamental en mi vida al cambiar radicalmente mi percepción de cómo se maneja un grupo enfocado a interpretar la música de John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr (gracias, Alex, Andrés, Eduardo y Gerardo, fui beatlera feliz mientras caminé a su lado, nunca lo duden ni por un momento).
Y si las situaciones no son permanentemente las óptimas para aquellas bandas que inician en el medio, ahora imagínense cómo será la convivencia de aquellas bandas que llevan en éste, no meses sino años. Y para ser más específica, le voy a poner un número impresionante: más de 20 años (varios más). ¿Se imaginan todo lo que no pasa durante más de 20 años de ser un grupo reconocido y con un prestigio más que sólido? Difícil, ¿no?
Por supuesto, me estoy refiriendo a un nombre que es muy conocido: Morsa. Este nombre, como bien lo saben todos los beatleros mexicanos, no sólo representa a un grupo de individuos talentosos que han dedicado gran parte de su vida a honrar el legado del Cuarteto de Liverpool sino que, además, pudieron sobrevivir juntos varios lustros atravesando momentos de todos tipos y obstáculos que, tal vez, ni siquiera fueron evidentes para su gran público. Afortunadamente, de aquel Morsa original conformado por Víctor Rosas, Alejandro Baumgarten, Fidel Sánchez y Mario Zavala sólo queda el único Morsa factible y con posibilidades reales y sustentables de retomar el gran camino andado y subir varios peldaños más (si es que esto es posible): el Morsa conformado por Víctor Rosas, Otto, Rafael y Mauricio. Este Morsa es aquel que, con todas las de la ley, porta orgullosamente el nombre que le corresponde y que actualmente se está presentando en el Liverpool Pub, ese antro de la Avenida Insurgentes Sur en donde un gran porcentaje de nosotros hemos estado en algún momento de nuestras vidas.
El sábado pasado tuve la oportunidad de atestiguar en mesa de pista (gracias, Wendy Solís, actual representante de Bad Boy) el desempeño de Morsa en su presentación de las 2:00 a.m. en el antro ya citado. Fui ahí acompañada por el conferencista Hugo Antonio Hernández quien, generosamente, me invitó a observar directamente la nueva conformación de Morsa, un pendiente que tenía yo en mi lista de actividades beatleras a realizar de manera inmediata. Aquí mis impresiones objetivas de lo que es actualmente Morsa y, siempre, desde un punto de vista de alguien que no es artista:
1) La banda salió al escenario justo a la 1:50 a.m. del sábado 9 de febrero y acompañada en los teclados por Alejandro Baumgarten, lo cual fue una sorpresa para mí ya que tenía entendido que, del Morsa original, sólo Víctor comandaba el grupo. Del desempeño artístico de Alejandro, lo que transmitió a su público y su amor por la música que interpretó es realmente muy poco y muy tajante lo que tengo que decir y, tal vez, es preferible ni siquiera mencionarlo. Como sea, el hecho de que haya estado presente significó, indudablemente, mucho para los seguidores de hueso colorado de la banda (que tenían el lugar casi lleno a pesar de lo avanzado de la noche) y, simplemente por este hecho, fue muy importante su presencia en el escenario.
2) Víctor Rosas es, en mi opinión, un extraordinario músico y un artista con una maestría fuera de todo cuestionamiento. Dicho lo anterior, va mi pregunta directa a él: ¿por qué conformarse, siendo nada más y nada menos el fundador del grupo Morsa, con no cantar esas canciones que, seguramente, tiene más que dominadas y sólo apoyar a quienes sí la cantan en la banda? Yo no quisiera meterme aquí nuevamente al asunto de las inseguridades que les dan a los artistas que se acercan al medio siglo de vida y de las opciones que tienen a su alcance para seguir evolucionando de acuerdo a su edad pero casi casi les juro que el asunto va por ahí. Víctor, léeme bien por favor, la gente te admira, el público beatlero te respeta y no puedes, por ningún motivo, permitirte el lujo de mantenerte en una posición de apoyo a quienes cuentan con voces jóvenes. Tu nivel en el medio beatlero es imbatible y todos sabemos que tú cuentas con todas las tablas del mundo y la experiencia necesaria para impresionarnos mil veces más si fuera necesario.
3) Me gusta el estilo de Rafael. Me gusta mucho. Cuenta con mucha confianza en sus habilidades musicales y, además, es el encargado de interactuar con el público al tiempo que proporciona lo necesario para que sus compañeros de banda brillen, cada uno en su rubro. Y si bien y en lo personal considero que aún le falta andar camino para alcanzar la excelencia interpretativa, lo que yo vi en él este sábado pasado me confirmó que cuenta con todos los elementos necesarios para llevar en sus hombros el peso de un nombre tan importante como lo es el de Morsa y que puede dignamente con el paquete.
4) Otto, tengo entendido, es familiar del líder de la banda. Y aquí podría yo meterme al asunto del nepotismo pero no lo haré porque este joven integrante de Morsa demostró desde el inicio de la presentación que la cercanía que ha tenido durante una gran parte de su vida con los grandes del medio dejó frutos muy sólidos en él. El dominio que muestra de su instrumento es simplemente impresionante para alguien que cuenta con tan pocos años de vida. Bien, Otto, es realmente muy agradable escuchar el gran nivel musical que tienes. En cuanto a tu voz, a mí en lo personal me gustaría que te pusieras en manos profesionales y complementaras tus avances con una vocalización más controlada que, no tengo duda, puedes llegar a lograr.
5) Mauricio es una sorpresa para mí como baterista. En diciembre pasado fui testigo de su interés por hacer una diferencia en el 13 Beatlefest Nacional al promover de manera entusiasta la presentación completa del álbum Tripping The Live Fantastic siendo parte de Beat Boys y ahora me encuentro con que no sólo pudo con ese paquetote perfectamente bien sino está sacando muy dignamente el que representa ser un integrante de Morsa y que, créanme, no es nada fácil. Por si lo anterior fuera poco, Mauricio está cantando el 60% de las canciones de ésta, su nueva banda, y lo hace con muchas tablas y una gran seguridad en sus capacidades. Felicidades, Mauricio, me siento sumamente orgullosa de ti, de tus grandes logros y de poder decir aquí en mi blog que, a pesar de tu juventud, eres uno de los muy pocos artistas beatleros mexicanos que se ha presentado tanto en el Cavern Club de Liverpool como en la Semana Beatle de Argentina. Por algo ha sido.
6) No quiero analizar a fondo el set list que Morsa presentó este sábado pasado ya que estoy consciente que mi perspectiva no es del todo objetiva dado que en los últimos años me ha tocado analizar un sin fin de presentaciones de innumerables bandas beatleras de la Ciudad de México y el interior del país y tengo mis opiniones muy sólidas en cuanto a qué rolas no son adecuadas para presentaciones en vivo y cuáles prenden al público y logran que la gente se entregue plenamente a un grupo en especial. Sin embargo, lo que sí diré es que Morsa me impactó con dos de ellas que, desde mi punto de vista, no cualquier banda se avienta y, mucho menos aquellas que inician en el medio: Helter Skelter y el popurrí de Golden Slumbers, Carry That Weight y The End. De hecho, cualquier cosa que pudiera yo escribir en estos momentos se queda chica en comparación a la magnitud y la maestría con la que las interpretaron al grado que, por segunda vez en mi vida beatlera, me puse de pie para aplaudir el extraordinario trabajo que Víctor, Alejandro, Mauricio, Rafael y Otto realizaron con ellas. Y créanmelo, si algo aprendí de mis padres, dos conocedores de altos vuelos de la música clásica y de sus intérpretes a nivel mundial, fue que una sólo aplaude de pie ante los verdaderamente grandes y que son los artistas los que deben de ganarse los aplausos que una desee concederles y siempre de acuerdo al nivel de esfuerzo que se percibe por parte de ellos. Morsa, léanme bien: para ustedes ya no hay punto de retorno. Sigan sorprendiéndonos, por favor.
Y no quiero cerrar este post sin invitarlos a que sean parte activa de esta nueva etapa de la vida de Morsa. No se van a decepcionar en ningún momento y saldrán convencidos de aquello que Mauricio Rosas, baterista de Morsa, me dijo después de su presentación del sábado pasado y que bien podría ser la clave que explica ese punto de identificación que une de manera muy sólida a todos los beatleros mexicanos y del mundo: la música de The Beatles no se escucha, se siente. Los invito, pues, a sentir con Morsa esas canciones que Paul, John, George y Ringo nos legaron y que, en ningún momento, han dejado de tener vigencia plena.
Buen inicio de semana. Sean felices.











Hola Tere:
Pues bien dicen que cuando una puerta se cierra, otra se abre (eso esta comprobadisimo) y uno nunca sabe donde puede terminar, casi siempre te imaginas lo que quieres hacer o haces planes y la vida se encarga de ponerte circunstancias y oportunidades que terminan por llevarte a aprender cosas que ni en tus sueños mas locos hubieras imaginado terminarias por hacer.
Creo que tienes todo el perfil para ser una excelente manager, aparte que sabes un monton de cosas sobre Los Beatles, y sobre todo eres una persona muy responsable y con una gran vision y los años que llevas en el medio conociendo bandas te ha dado un ojo clinico muy peculiar.
Estoy segura que te va ir super en esta nueva etapa de tu vida y a los chavos de Morsa les va a servir de mucho tu experiencia.
Un saludote y aunque no te deje comentarios, por aqui siempre ando curioseando en tu blog.
hola, buenas tardes, quisiera saber si despues de la separacion del grupo, los demás integrantes siguen tocando?
hace un mes vi al grupo morsa, en liverpool pub, pero eran mas jóvenes de lo que pensé, y mi duda es si los demás aun tocan, y en dónde..
Gracias por tu atención.