Vamos a suponer que eres católico y que, además, practicas tu religión.
Supongamos también que, para ti, un sacerdote es un ser humano que representa a Dios. Pensemos que, para nosotros, es alguien que ha trabajado durante toda su vida para estar por encima de esas debilidades humanas que nos son muy conocidas a los simples mortales y que es alguien que, con mucho esfuerzo, ha elevado su calidad de persona común y corriente para predicar con el ejemplo las enseñanzas de amor al prójimo que se encuentran en la Biblia.
¿Qué pasaría si algún día descubrieras que el sacerdote de tu iglesia ha abusado sexualmente de tu hijo? ¿Qué harías? ¿Frenarías tu primer impulso de salir a buscar un arma para matarlo y, tal vez, dejarías que la ley se encargara de él? ¿Considerarías que la única real justicia que podría hacerse es aplicar no la ley divina sino la ley de los hombres?
Lamento decepcionarlos pero el asunto no funciona así. Tú pensarías que, ya que exigen derechos civiles tales como votar, los sacerdotes no se escapan de aquellas penalizaciones a las que nos sometemos los ciudadanos comunes y corrientes cuando infringimos la ley, ¿no es así? Pues no, no es así.
Según leo en el periódico Milenio de hoy, versión impresa, en estos días se está llevando a cabo en la Universidad Pontifica de México un simposio titulado "Sanciones para Algunos Delitos Imputables a Clérigos", un seminario en donde un grupo de big shots de la iglesia católica se están reuniendo para analizar, entre otras cosas, cuánto le ha costado al ala estadounidense todas las demandas que ha enfrentando por tener entre sus filas a un grupo bastante nutrido de sacerdotes pederastas.
Y al parecer les ha dolido la lana y mucho según las palabras del canonista Francis G. Morrisey de la Universidad de San Pablo de Ottawa, Canada, quien afirmó que el clero de Estados Unidos pagó, sólo en 2007, 2 mil millones de dólares, cifra que dejó en quiebra a 4 diócesis en E.U. y 2 más en Canadá. Pobres, ¿no? ¿Qué hará ahora la iglesia gringa sin esos milloncitos que le procuraban altos niveles de vida y lujos inimaginables a los altos prelados? ¿Cómo podrán ahora mantener las limusinas, comidas de alto lujo y casas de primer nivel a las que están acostumbrados? ¿Y los niños abusados? Esos que se los lleve el carajo. Total, ¿para que andan dejándose tocar y exhibiendo sus cuerpecitos enfrente de los sacerdotes? (igualito a lo que sucede con las mujeres que se les ocurre ponerse minifalda: se exhiben así porque desean ser violadas, ¿no es así?)
Y tú te pones a pensar: ¿cuántas denuncias deben de existir en contra de clérigos por abuso sexual a menores de edad sólo en Estados Unidos para que la iglesia haya tenido que pagar una suma así? ¿Qué le pasa a esta gente que se autoproclama como representantes de Dios? De veras, que mal está el mundo por permitir que esto suceda.
Pero el asunto no termina ahí. De hecho, ojalá sólo quedara en lana y en pagar psiquiatras a los inocentes que se dejaron manosear (en el mejor de los casos) por esos desviados sexuales pensando que realmente representaban a un ser superior. ¡No, señores! ¿Saben qué castigo aplican a aquellos sacerdotes que fueron encontrados culpables? Los mandan a casas especiales (una de ellas se encuentra en Chicago) a un tipo de arraigo domiciliario en donde los tienen vigilados, anotan qué hacen cada hora y hasta qué programas de televisión o películas ven. ¿Y qué creen? Los pervertidos siguen percibiendo su salario de sacerdotes. ¿Así o más espiritual?
Ahora, tú dime. Si cualquiera de nosotros, adultos, o cualquiera de ustedes, género masculino mayor de 18 años, se nos ocurriera abusar sexualmente de un menor de edad, ¿nos mandarían a una casita especial a tomar vacaciones mientras seguimos percibiendo nuestro sueldo normal por no trabajar en aquello en lo que nos hemos especializado? Por supuesto que no. Ese, seguramente, es el castigo divino por no volvernos ciudadanos activos del Vaticano.
Y después se preguntan por qué cada día hay menos católicos y más sectas.
Sí, me enojé. Y mucho.
Acérquense a Dios, si es su deseo, de manera directa y sin intermediarios. Lo demás es vanidad llena de debilidades humanas, tan imperfecta como tú o como yo.
Buen viernes.








Yo creo que para tener espiritualidad o alguna fe, no necesitas de un templo, de un sacerdote, rezarle a una imagen o algo así para realizarte en ese ambito, como muchas cosas "buenas" en la vida, sólo se trata de negocio, ¿a poco en realidad lo hacen para alcanzar la gracia divina? No digo que el 100 por ciento de la gente creyente sea igual de hipocrita y de tan pocos escrupulos como estos "sacerdotes", claro que hay gente que ejerce de manera, por no encontrar otra palabra, correcta su fe y les funciona. Saludos.
Buen punto, apoyo total a la mocion.