
Andrew Keen
En su libro "The Cult of the Amateur: How today's Internet is killing our culture" (El Culto de los Amateurs: Cómo el Internet de Hoy Está Matando Nuestra Cultura"), el británico Andrew Keen presenta la teoría del biólogo británico T. H. Huxley y la equipara a la blogósfera actual.
De acuerdo al mencionado Huxley, si le das a un número infinito de changos el mismo número de máquinas de escribir, en algún momento alguno de ellos escribirá el texto de algún soneto de William Shakespeare. Esto es, según la ley de probabilidades, cualquier idiota, dado un número infinito de idiotas, puede por azar escribir algo brillante si se le da el tiempo adecuado para ello. Y aquí les cito las palabras de Keen dirigidas a nosotros, los changos blogueros:
"Millones y millones de changos exuberantes están creando un bosque digital infinito de pura mediocridad. Actualmente, los changos amateurs usan sus computadoras para publicar cualquier cosa que va desde comentarios políticos desinformados hasta videos caseros de mal gusto, pasando por música y poemas, reseñas, ensayos y novelas no profesionales".
Sobre los blogs escribe: "Se abre un blog nuevo cada segundo de cada minuto de cada hora de cada día. Estos blogs no sólo patrocinan la falta de información, rencor, racismo y difamaciones anónimas sino motivan la invención de falsas identidades que están inundando las industrias editoriales, musical y de publicación de noticias que crearon el contenido original que esos sitios web "agregan". Nuestra cultura está, esencialmente, destruyendo las mismas fuentes que anhela crear".
Y bueno, aquí su chango de confianza no va a postear algo brillante, equiparable a un soneto de Shakespeare, pero si tiene un par de comentarios que escribir sobre lo que Keen establece como la verdad en este mundo actual.
Primero, no pude evitar recordar cuando leí la reseña del libro de este señor a la mamá de un compañero de primaria de la Srita. Lennon que, un día al enterarse que yo me dedico a internet, escupió una estupidez de este tipo: "Pues yo nunca dejaré que Omarcito entre a internet... ya me dijeron que cuando entras te mandan automáticamente a páginas porno en donde se abren muchas ventanas con fotografías indecentes".
Cuando yo le pregunte a la ñora (por no escribir el adjetivo que realmente le aplica) si se le había ocurrido buscar en internet sitios de información o educativos específicamente diseñados para la edad del nene, su respuesta fue: "Eh... ¡no! Pero ni falta hace. Hemos vivido muy bien hasta ahorita y no veo el por qué del cambio". (Ahora que el tal Omarcito debe andar por cumplir los 15 años y que, seguramente, nadie lo saca de un cafe internet, me gustaría ver las angustias y amargura de la retrógrada madre).
Segundo y muy importante: a nosotros, los changos, se nos olvida frecuentemente que hay, por ahí, dos o tres generaciones en el mundo que nacieron y vivieron una buena parte de su vida sin internet y a los cuales, precisamente por su condición de humanos, todo cambio o evolucion atemoriza y provoca en ellos un rechazo automático que se traduce en descalificación y menosprecio por el medio nuevo.
Y esto queda patente cuando escuchamos frases del tipo "yo no se ni prender una computadora", "los libros son la única fuente confiable" y "yo si obtuve mi licencia de locutor, me esforcé y por eso hablo con respeto ante un micrófono a diferencia de los que 'conducen' los mal llamados programas de radio por internet", este último en relación a los podcasts. Todas estas frases, debemos entenderlo, son emitidas por personas que se esfuerzan en esconder su pánico ante la evolución y se aferran a lo que les fue familiar durante la primera parte de su vida como la única verdad absoluta que les puede dar seguridad personal sin importar que hayan sido mediocres o llanamente malos en su desempeño en ella. Y lo más triste es que las frases anteriores son emitidas por quienes se niegan una verdad que sí impera y aplica a todos los medios, los actuales y los anteriores: "Hay de todo en todos lados". ¿El tener una licencia de locutor de hace 25 años te hace ser buen locutor? ¿El haber escrito un libro en los 70 te garantizaba ser buen escritor? No, ¿verdad? Aún en esas épocas la calidad imperaba.
Les voy a hablar de un caso que yo conozco y de primera mano: el de los locutores de radio de la década de los 50 en México. Ellos eran las verdaderas estrellas del firmamento conocido hasta ese punto ya que no había opciones. Y cuando la televisión entro a nuestros país, el revuelo que causó en este medio fue de proporciones gigantescas porque, precisamente, se crearon dos corrientes: 1) la de los locutores que se emocionaron con la evolución y se volvieron parte de ella, enriqueciéndose y enriqueciendo a su público, y 2) la de los que se aferraron a lo conocido y hablaron pestes de la llegada de la televisión, condenándola a morir por estar inundada de personas que no tenían "su calidad". De esta segunda corriente sólo permanecieron en el medio radial mexicano los que no se sintieron amenazados por algo nuevo y no vieron como competencia a la televisión, básicamente, por confiar ciegamente en su calidad profesional. ¿Queda claro que sólo estamos avanzando tal como se avanzó en la década de los 60?
Y para cerrar este post quiero decirles algo que sí es una realidad en internet: la mayoría de los blogs no son buenos. Es más, la mayoría de los podcasts (y sin problema hasta el incluyo el mío) tampoco lo son. Y de los videos que constamente vemos en YouTube.com mejor ni hablo. Pero esto no es muy diferente a como era la vida pre-internet: de miles de aspirantes a escritores, sólo un pequeño porcentaje sobresalía; de millones de cineastas amateur, sólo pocos lograban ser connotados directores cinematográficos y de infinidad de locutores de radio, únicamente pocos trascendían.
La diferencia es que ahora el mundo se volvió nuevamente plano. Ya no hay fronteras y ya es posible leer el diario de una señorita que vive en otro país y enterarnos de sus intimidades (cuando antes sólo nos enterábamos de las intimidades de la hija de la vecina) o ver una propuesta de documental que fue subida a la red por un estudiante ucraniano cuando antes sólo la Cineteca los mostraba. No hay nada nuevo bajo el sol y, ahora, como antes lo fue, sólo quien se esfuerza, quien estudia, quien se motiva, quien lucha por la calidad sobresale en su medio. Nada ha cambiado más que el número de competidores que, era previsible, ahora no son miles sino millones en cada ámbito. ¿Quién se avienta el tirito de demostrar su calidad ahora?
Buen jueves. Saludos primates.












El experimento de los monos ya se puede recrear en linea. En la pagina de mario (adivina.blogspot.com) puedes ver el experimento corriendo en vivo.
Si la red esta saturada de mala escritura, es tu opcion leerla o no. Que no nos quiten la libertad para hacerlo.
Saludos Tere!!!