
Soy chilanga. Nací en la capital de un país que además es una de las ciudades más grandes del mundo. Nací en una urbe integrada por millones y millones de personas en donde aprendes, por la buena o por la mala, a no meterte en los asuntos ajenos y a llevar los tuyos en paz.
Por lo anterior, creo en el respeto a terceros. Creo en el respeto profundo a otros puntos de vista y a otros estilos de vida. Creo en que si tú no estás de acuerdo con las creencias de alguien más eres totalmente libre de acabártelo de manera privada (con o sin razón) pero no puedes hacerlo públicamente y mucho menos cuestionarlo directamente si esa persona no te ha dado permiso expreso para hacerlo.
Y escribo esto porque ahora me estoy enfrentando a un fenómeno que no me tocó mientras viví en la Ciudad de México (aunque me dice el señor periodista que sí es común allá) y que me está desquiciando: los reclutadores de almas.
Los reclutadores de almas (un nombre por demás apropiado para esta gente) son personas que, por alguna maldición que se está ejerciendo en mi contra, se reúnen semanalmente en una casa de la cuadra en donde yo vivo para practicar los ritos de su religión con cánticos y rezos a todo volumen y que, no satisfechos con sus ceremonias, tocan los timbres de todas las casas vecinas con el objetivo único de iniciar a los vecinos en sus prácticas religiosas semana tras semana.
Hasta aquí yo no tendría nada que decir al respecto si esta gente entendiera a la primera. Pero no es así. No entendieron a la primera (en donde fui sumamente educada) ni en la segunda (en donde contesté un parco "no es de su interés, señora" a la pregunta: "¿Usted lee la Biblia en familia"?) ni en las enemil consecutivas. Estos señores siguieron viniendo semana tras semana a tocar el timbre, aguantando estóicamente los gruñidos del buen Rufo (que obviamente siente que hay una razón válida para gruñirles y ladrarles tan agresivamente) y esperando a que Daniela Lennon, el señor periodista o yo abriéramos la puerta para disparar su cuestionamiento sobre nuestras costumbres religiosas.
Y como en la vida los grandes problemas requieren de grandes soluciones, hace unos días se las regresé. Fue un fin de semana reciente, uno en donde el día (lluvioso y medio gris, de esos que tanto me gustan) se prestó para regresarles un poco de lo que ellos hacen tan quitados de la pena.
El timbre sonó alrededor de mediodía. Asomándome desde la ventana del comedor los vi: tres personas, una señora mayor, muy mayor, un señor con aspecto de sumisión y una señora como de 50 y tantos años que se mantenían a prudente distancia por los gruñidos de Rufo. Abrí la puerta y les sonreí.
- Buenas tardes, ¿cómo está usted? - dijo la señora de mediana edad un poco sorprendida por mi sonrisa después de semanas completas de aguantar que le cerrara la puerta a la mitad de una frase.
- ¿Bien y ustedes?
- Muy bien, gracias. Somos el grupo de personas que nos reunimos aquí en la cuadra.
- Lo sé -, les dije sin agregar más y esperando el cuestionamiento personal que no tardó en llegar.
- ¿Usted ha leído la biblia en familia últimamente?
- No. ¿Usted ha tenido orgasmos últimamente?
Y mejor ni les describo la cara que puso. Solamente diré que muy indignados los tres mochos se fueron y que no han regresado desde entonces.
Ya preparo otra de estas preguntitas por si se les ocurriera regresar y hasta mi cámara para registrar sus caras de asombro. Que pena que haya cultos que se fortalezcan no por su calidad religiosa y trasparencia en sus manejos sino por el acoso excesivo de sus representantes.
Buen martes.












Tere:
jajajaa.... Nunca se me hubiera ocurrido decirle eso a los predicadores que "acosan" (porque eso es lo que hacen) cada fin de semana en la puerta de mi casa.
Totalmente de acuerdo con lo que dices acerca del respeto y estoy segura que por lo menos en un buen tiempo no te van a volver a molestar.... Gracias por la idea, ya sé también como "espantarlos" cuando se acerquen a mi casa.
Saludos y buena mitad de semana.
JAJAJAJAJa, igual que yo cuando en los centros comerciales los vendedores de tarjetas de credito se avalanzan para preguntarme ¿cual tarjeta de credito manejas? y les respondo y tu ¿hoy traes calzones puestos hoy?...
¡Que les importa! ¿no crees?.
Un abrazo
Muy util tu propuesta... a mi se me da por seguirles la corriente y tenerlos horas hablando en la puerta hasta que se cansan y se van... y si se van por cierto...
Jajajaja... me imagino la cara de la tipa...
Saludos!!!
Me parece genial la propuesta, y me tomare el atrevimiento a copiarte dicha pregunta, ya que esas nobles almas, ¿de verdad les interesara saber tanto si lees la biblia en familia tanto como a nosotros saber si tuvieron un orgasmo en la última semana?....
Me pasó lo mismo el tiempo que estuve en casa la mayor parte del día.
Siendo ateo o no, el hecho de que estas personas se la pasen acosando a la gente en un desafortunado intento de evangelización siempre resulta molesto.
Lo peor es que son gente dura y aferrada con la que puedes pasar horas infructuosas explicando el porqué te resulta más cómodo ver la tele o estar en el internet que leer la biblia en familia, lo cual es lo menos grave, porque lo peor es que, si intentas contradecir sus creencias o imponer las tuyas, se enojan y feo... ja! si es lo mismo que ellos hacen...
Ja ja, felicidades Tere, eso fue un destello de genialidad, peores cosas se merecen los reclutadores de almas, como bien los has designado... yo, por mi parte, tengo guardada para la eventual ocasión un fajo de papeles relativos al Pastafarianismo (el del Flying Spaguetti Monster), para tratar de reclutarlos a ellos y darles una cucharada de sopa de su propio chocolate (¿¿??).
Más info en http://www.venganza.org/
Estás increíble, que buena respuesta! Me gustó tu blog, tiene cosas muy buenas y reflexivas, quisiera tener esa inspiración. Seguramente salirme de chilangolandia ayudaría ya que hace mucho que no tengo cabeza para dedicarle tiempo a mi blog.
Lo peor... Domingo en la mañana todo crudo, tocan a mi puerta... :S