Viernes sin luz

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El viernes pasado regresé de mis clases para encontrarme con una desagradable sorpresa: no había luz.

Oliva, la señora que me ayuda en el aseo de la casa (en realidad, la reina no espuria del hogar) me recibió con cara de angustia y sin más preámbulo me soltó la noticia:

- "¡Señora! ¿Qué cree? Que no hay luz".

- "¿Cómo que no hay luz? ¿Desde qué hora se fue?", le pregunté pensando que, con suerte, regresaría pronto.

- "Es que... es que... es que vino un señor a cortarla....".

Yo creo que mi cara de enojo la impactó porque no añadió nada más. Entré directamente a la sala y sin decir palabra le marqué al señor de la casa a su trabajo, quien tomó la llamada y explicó la situación de la siguiente manera:

- "Sí, lo se. Cortaron la luz. Y no, no te enojes. ¡Se nos fue pagarla! Simplemente se nos olvidó. Córrele a saldarla para que la puedan reconectar en un par de horas".

Omito aquí los reclamos tan floridos que salieron de mi boca y sólo comentaré que, como la loca, salí a la oficina encargada de recolectar los pagos respectivos. Media hora después, estaba de regreso.

- "Oliva, ¿no han venido de la comisión para reconectar la luz?", pregunte con ilusas esperanzas apenas entré de regreso.

- "No, señora, no vino nadie. Ni siquiera hablaron por teléfono".

En este punto, con una sonrisa que ocultaba cualquier cantidad de recordatorios maternos distribuidos entre un periodista y los trabajadores de la compañía estatal encargada de la energía eléctrica, le volví a hablar a JC.

- "No te preocupes", me dijo con la tranquilidad de quien está sentado enfrente de una maravillosa mac que sí está funcionando porque hay luz en el lugar, "hay un turno vespertino de técnicos que termina a las 9 de la noche. Seguro que llegan pronto".

Y parodiando a Sabina, nos dieron las 4, las 5 y las 6 y las 7 y las 8 y ¡NADA! ¿Y mi hígado? Hecho paté, gracias...

Coraje hecho y aceptando el destino (con una velita de pastel de cumpleaños en la mano), recordé que la tierra de los creativos está poblada de aquellos que deciden que ningún factor externo les tiene que estropear la vida. Así que tomé decisiones.

De inicio, mandé a la Srita. Lennon a dormir a las 9 de la noche. ¿Le dio gusto? No... pero lo aceptó con gracia y con el entendimiento de que era eso o estar despierta bajo la luz de las velas sin mayor actividad que realizar.

Por mi parte, hice lo que hace mucho no hacía: me fui temprano a la cama, con linterna en mano y escuchando, como nunca antes, el ruido de la lluvia en el techo de la casa. Y fue ese sonido de la lluvia el que me hizo recordar algunas noches de mi niñez y me dio la inspiración para terminar de leer el libro de la foto que encabeza este post, que me traje del DF en junio y que no había podido terminar por exceso de actividades.

¿Y saben qué? Fue delicioso. Y aunque preferiría no volver a pasar pronto por lo mismo, me siento sumamente afortunada por seguir disfrutando las pequeñas sorpresas que se presentan en la vida y que traen con ellas momentos únicos. ¿Y la luz? La reconectaron el sábado a las 9 a.m.

Buen miércoles.

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La rola de hoy:

Crying, Waiting, Hoping
The Beatles
Live At The BBC

2 Comentarios

Je, je!! Me parece genial y novedoso cuando posteas este tipo de situaciones...

Saludos y abrazitos Tere!!

No sé por qué... pero me gusta cuando se va la luz y está lloviendo, aunque es odioso que se vaya la luz y se apague la computadora con archivos no guardados o una conversación a punto de llegar al clímax... Pero me gusta ^__^

Qué bueno que ni la falta de luz te detuvo! hace falta más que eso para detenerte :p

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Sobre esta entrada

Esta página contiene una entrada de Tere publicada el 6 de Septiembre 2006 10:20 AM.

FELIPE PRESIDENTE fue la entrada previa.

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