
En el mundo del periodismo hay ciertas líneas que no se deben cruzar. Y no importa si lo que se quiera escribir es verdad o se relacione con una injusticia. Si la nota o artículo le tira a algún personaje público que favorezca a la publicación o que sea cuate de alguno de los dueños de la misma, entonces no hay nada que hacer. El artículo simplemente no se publica.
Esta situación, tan injusta como suena, sólo es parte de una realidad que muchos románticos no pueden aceptar: los periódicos y publicaciones son negocios y, como tales, funcionan protegiendo a quienes los favorecen, a nivel comercial y a nivel personal.
Lo mismo sucede con los hospitales privados. Son negocios. Son empresas en las cuales se invirtió un dineral y de las cuales se esperan utilidades, a corto, mediano y largo plazo. En ellos, los médicos tratantes olvidan el antiguo (y tal vez caduco) Juramento de Hipócrates y se dedican a una labor lucrativa, tal como cualquier profesionista lo hace. Y no importa si hay injusticias ni si se rechazaron pacientes por no contar con el dinero necesario para tratarse en ellos.
Y para honrar su giro comercial, el famoso Parkland Memorial Hospital de Dallas, Texas, lugar donde muriera el Presidente Kennedy en los 60, acaba de anunciar que le enviará al gobierno de México las facturas con los gastos médicos en que ha incurrido por tratar a "indigentes mexicanos".

Aquí, lo verdaderamente interesante es que nadie en el mencionado hospital puede decidir quién es mexicano y quién no ya que en Estados Unidos, por ley, a ningún paciente se le pregunta su nacionalidad ni su status migratorio. ¿Le tocará al gobierno mexicano pagar al Condado de Dallas los gastos médicos de cualquier morenito que vean en sus instalaciones?
Claro, sólo falta que nuestro gobierno les pague.





Sencillo, vamos a mandarle al gobierno de estados Unidos las facturas de lo que debieron costar las tierras tejans realmente y asi todos en paz. ¿No?
Un abrazote.