Hay un par de personas, muy cercanas a mí, que están por iniciar lo que sería la aventura de sus vidas: dejarán sus trabajos en algún momento del futuro inmediato o medio y se dedicarán a volar solos confiando en que la experiencia y los conocimientos que han adquirido en sus primeros 30 años de vida sean lo suficientemente sólidos como para permitirles no volver a depender de todo aquello que los que hemos sido empleados tuvimos que soportar en algún momento.
El nulo reconocimiento a las capacidades propias, las largas horas de trabajo devaluado, jefes histéricos o simplemente estúpidos, solicitudes fuera de toda razón lógica y ambientes tensos son sólo algunos de los muchos factores que viven miles y miles de empleados en todo el país y de ellos, pocos (pero muy pocos) deciden cambiar de manera total su estilo de vida dejando atrás la seguridad de un depósito quincenal, un servicio médico relativamente confiable, un dinero adicional a fin de año y otras comodidades que juegan el papel de compensación por los sufrimientos cotidianos.
¿Lo vale? Y la respuesta es un sí. Sí lo vale. ¿Es fácil? No, no es fácil; es hasta doloroso. Hay que enfrentarse, de inicio, a las recriminaciones propias cuando en el primer año no pasa nada espectacular (y de las recriminaciones ajenas mejor ni hablo). Y después de ese periodo inicial, hay que trabajar 3 veces más, con más entusiasmo, con más calidad, con más ganas de ofrecer un servicio único y con la sonrisa y la disposición al 100% y en todo momento porque uno nunca sabe de dónde saldrá el próximo cliente.
Todo lo anterior, escrito con base en mi experiencia propia, tiene un fundamento que hoy confirmé al encontrarme con un artículo basado en una investigación llevada en la Universidad de Durham, Escocia, en la cual se señala que aquellos que han decidido no depender de nadie para salir adelante en la vida son personas más felices y disfrutan más de las satisfacciones que sus trabajos les brindan sin importarles que a veces los ingresos sean menores a aquellos de los asalariados o que no tengan dinero garantizado para su vejez.
¿Y saben qué? Es cierto. No hay como la satisfacción de volar sólo.
La vida es bella, Mauricio y Diego, y sólo está esperando a que la tomen de la mano. Lo mejor para ustedes.
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El nulo reconocimiento a las capacidades propias, las largas horas de trabajo devaluado, jefes histéricos o simplemente estúpidos, solicitudes fuera de toda razón lógica y ambientes tensos son sólo algunos de los muchos factores que viven miles y miles de empleados en todo el país y de ellos, pocos (pero muy pocos) deciden cambiar de manera total su estilo de vida dejando atrás la seguridad de un depósito quincenal, un servicio médico relativamente confiable, un dinero adicional a fin de año y otras comodidades que juegan el papel de compensación por los sufrimientos cotidianos.
¿Lo vale? Y la respuesta es un sí. Sí lo vale. ¿Es fácil? No, no es fácil; es hasta doloroso. Hay que enfrentarse, de inicio, a las recriminaciones propias cuando en el primer año no pasa nada espectacular (y de las recriminaciones ajenas mejor ni hablo). Y después de ese periodo inicial, hay que trabajar 3 veces más, con más entusiasmo, con más calidad, con más ganas de ofrecer un servicio único y con la sonrisa y la disposición al 100% y en todo momento porque uno nunca sabe de dónde saldrá el próximo cliente.
Todo lo anterior, escrito con base en mi experiencia propia, tiene un fundamento que hoy confirmé al encontrarme con un artículo basado en una investigación llevada en la Universidad de Durham, Escocia, en la cual se señala que aquellos que han decidido no depender de nadie para salir adelante en la vida son personas más felices y disfrutan más de las satisfacciones que sus trabajos les brindan sin importarles que a veces los ingresos sean menores a aquellos de los asalariados o que no tengan dinero garantizado para su vejez.
¿Y saben qué? Es cierto. No hay como la satisfacción de volar sólo.
La vida es bella, Mauricio y Diego, y sólo está esperando a que la tomen de la mano. Lo mejor para ustedes.





En las palabras del poeta, místico, senador de Irlanda y ganador del Nobel, W.B. Yeats:
"La felicidad no es una virtud ni un placer, ni una cosa u otra, sino simple crecimiento. Somos felices cuando estamos creciendo".
Gracias por las porras, Tere (hay que mencionar a Alejandra también). Espero dentro de poco tener buenas y más noticias al respecto.
Muchas gracias Tere por el apoyo, por tu valiosa amistad y por ser participe en esta transición que como bien cita Mauricio, nos hará crecer y nos acercará a ser más felices.
Un abrazo
P.D. No me agrada la idea de andar por ahi con Mauricio, cada uno tomandole la mano a la vida, je je je!
Si, ¿verdad? como que salió medio feo eso de que se agarren de la mano :)
Bueno... mejor no agarren nada y diviértanse, que viene lo mejor. Besos a ambos.
Muy buena suerte a ellos y que le hechen muchas ganas...