Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz.
Este apotegma que ha servido de base para la política exterior mexicana desde el siglo XIX, fue parte del manifiesto que el Presidente Benito Juárez dio a la nación el día 15 de julio de 1867, fecha de la restauración de la república.
Y de esta manera, desde que yo tengo memoria, mis padres, mis maestros, y mis compatriotas han mostrado orgullo de cómo México, a través de los años, se caracterizó siempre por un profundo respeto a las ideologías y costumbres de otras naciones e inclusive, de cómo nuestro país llegó a ser un refugio y hogar de aquellos que salieron de sus países de origen por diferentes razones.
Todo esto, señores terminó a partir de que Vicente Fox tomó posesión de la presidencia, en diciembre del 2000. Y lo dejó claro en el discurso de política exterior que ofreció en Madrid, España, en mayo de 2002. En el mismo, nuestro presidente dijo:
"Hemos evitado la tentación de hacer tabla rasa de nuestra tradición diplomática o al contrario, limitarnos sólo a repetirla. Por eso decidimos que la política exterior de México debía combinar lo mejor del pasado con las necesidades del presente.
Por esas razones, la hemos articulado en torno a dos ejes principales: el primero ha consistido en desplegar una actividad más intensa en los foros multilaterales y el segundo, ha buscado profundizar estratégicamente nuestra relación con Estados Unidos y Canadá...".
A mí todo esto me parece bien. Avanzar conforme la época es parte del desarrollo de un país. El problema es confundir el término "avanzar" con "meterse sin respetar" en abierta copia a la política exterior de nuestro vecino país del norte. Ahí es donde México no puede ni debe competir por obvias razones.
Ya se demostró con Cuba. El poco tacto de Vicente Fox al invitar a Fidel Castro manipulando abiertamente y a su conveniencia la estancia del presidente cubano con la frase "Comes y te vas" que evitaría la incomodidad de George Bush ante su presencia en la Cumbre de las Américas celebrada en Monterrey en enero de 2004, fue una muestra clara de dos cosas:

¿Qué necesidad hay de criticar a un futbolista extranjero que gusta de ser protagonista? ¿a un estadista extranjero que actúa como se le da la gana en relación a un tratado comercial internacional y con todo el derecho legítimo que le dar el llevar el destino de su país? ¿al presidente de Venezuela que se ha pintado sólo en agredir a Bush y que ahora ya hizo de Fox su blanco?
¿Y todo esto por defender los intereses de los Estados Unidos? ¿Vendrá Bush a rescatarnos ahora?
Me da pena admitir que Fox no tiene buen cerebro para hablar pero más pena me da que nosotros, los mexicanos, permitamos estos problemas internacionales que no tendríamos por qué tener. Y que quede claro: yo no estoy defendiendo a Hugo Chávez ni a Fidel Castro. Seguramente deben tener sus defensores y muchos. Estoy criticando, con todo el derecho que me da haber nacido en territorio mexicano, la extremadamente mal llevada política exterior de mi presidente.
Y esto va para todo aquel que me lea fuera del país: Fox no es México.
No lo olviden.
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Este apotegma que ha servido de base para la política exterior mexicana desde el siglo XIX, fue parte del manifiesto que el Presidente Benito Juárez dio a la nación el día 15 de julio de 1867, fecha de la restauración de la república.
Y de esta manera, desde que yo tengo memoria, mis padres, mis maestros, y mis compatriotas han mostrado orgullo de cómo México, a través de los años, se caracterizó siempre por un profundo respeto a las ideologías y costumbres de otras naciones e inclusive, de cómo nuestro país llegó a ser un refugio y hogar de aquellos que salieron de sus países de origen por diferentes razones.
Todo esto, señores terminó a partir de que Vicente Fox tomó posesión de la presidencia, en diciembre del 2000. Y lo dejó claro en el discurso de política exterior que ofreció en Madrid, España, en mayo de 2002. En el mismo, nuestro presidente dijo:
"Hemos evitado la tentación de hacer tabla rasa de nuestra tradición diplomática o al contrario, limitarnos sólo a repetirla. Por eso decidimos que la política exterior de México debía combinar lo mejor del pasado con las necesidades del presente.
Por esas razones, la hemos articulado en torno a dos ejes principales: el primero ha consistido en desplegar una actividad más intensa en los foros multilaterales y el segundo, ha buscado profundizar estratégicamente nuestra relación con Estados Unidos y Canadá...".
A mí todo esto me parece bien. Avanzar conforme la época es parte del desarrollo de un país. El problema es confundir el término "avanzar" con "meterse sin respetar" en abierta copia a la política exterior de nuestro vecino país del norte. Ahí es donde México no puede ni debe competir por obvias razones.
Ya se demostró con Cuba. El poco tacto de Vicente Fox al invitar a Fidel Castro manipulando abiertamente y a su conveniencia la estancia del presidente cubano con la frase "Comes y te vas" que evitaría la incomodidad de George Bush ante su presencia en la Cumbre de las Américas celebrada en Monterrey en enero de 2004, fue una muestra clara de dos cosas:
- El poco manejo de la diplomacia de Fox, su realmente poca educación y mínimo respeto para una estadista extranjero, y, más grave aún...
- La descarada actitud de proporcionarle a Bush una estancia "confortable" y suavecita, evitando su encuentro con Castro cuando la bronca entre Estados Unidos y Cuba es sólo eso: la bronca entre Estados Unidos y Cuba. Nada más. No es nuestra. Es de ellos.

¿Qué necesidad hay de criticar a un futbolista extranjero que gusta de ser protagonista? ¿a un estadista extranjero que actúa como se le da la gana en relación a un tratado comercial internacional y con todo el derecho legítimo que le dar el llevar el destino de su país? ¿al presidente de Venezuela que se ha pintado sólo en agredir a Bush y que ahora ya hizo de Fox su blanco?
¿Y todo esto por defender los intereses de los Estados Unidos? ¿Vendrá Bush a rescatarnos ahora?
Me da pena admitir que Fox no tiene buen cerebro para hablar pero más pena me da que nosotros, los mexicanos, permitamos estos problemas internacionales que no tendríamos por qué tener. Y que quede claro: yo no estoy defendiendo a Hugo Chávez ni a Fidel Castro. Seguramente deben tener sus defensores y muchos. Estoy criticando, con todo el derecho que me da haber nacido en territorio mexicano, la extremadamente mal llevada política exterior de mi presidente.
Y esto va para todo aquel que me lea fuera del país: Fox no es México.
No lo olviden.





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