
La carta que escribió en enero de 1980 a su primo lo decía todo: "Cumpliré 40 años. Espero que la vida empiece, esto es, me gustaría tener menos problemas y más... ¿qué? No lo se."
Este era el John Lennon de principios de los ochenta. Aquel que llevaba más de una década fuera del grupo musical que revolucionó la historia de la música. Aquel que dejó a su mujer y a su hijo por una artista avant-garde de origen japonés y que la hizo cantar y le entregó su tiempo y su vida sin importarle las críticas ni las reacciones alteradas que los extraños cantos que ella emitía producían. Sí, el mismo que fue investigado por el FBI por asociarse con grupos suversivos en los Estados Unidos y planear actos en contra del entonces presidente estadounidense, Richard Nixon. Ese, que se perdió durante 18 meses en 1974 acompañado afectiva y sexualmente por una mujer apuntada y aprobada por Yoko, y a la que siguió viendo en secreto hasta su muerte. Efectivamente, el que decidió enclaustrarse por cinco años, los últimos de su vida, para encargarse de su hijo recién nacido, verlo crecer, seguir drogándose y poner en manos de su esposa todo: su vida, su futuro, su fortuna, sus finanzas, sus actividades, su vida social y, tal vez, hasta sus pensamientos.

Y este es el Lennon, sometido y totalmente entregado, que se ve en la foto de la portada de la Revista Rolling Stone del 22 de enero de 1981, que fue seleccionada hoy por la Asociación Estadounidense de Editores de Revistas (ASME) como la mejor portada de los últimos 40 años. Y no nos equivoquemos; no fue la revista la que tuvo esta idea. Fue el mismo John el que sugirió la pose y que esta imagen fuera la primera impresión que el lector tuviera antes de leer la entrevista.
La foto, de la fotógrafa Annie Liebovitz, es parte de una serie que fue tomada en el departamento de John Lennon del edificio Dakota de Nueva York el día 8 de diciembre de 1980, justo el día de la muerte de John, entre las 2:00 y las 3:30 p.m. Esa tarde, la última de su vida, John estuvo en los estudios Hit Factory grabando el sencillo de Yoko, Walking On Thin Ice. Esta época podría haber sido el principio de su regreso artístico y su enmancipación intelectual, espiritual y emocional. Lamentablemente para él, no fue así. Esa noche John murió asesinado por Mark David Chapman.

Y aunque por un lado me da gusto confirmar que Los Beatles fueron, son y serán los primeros íconos del siglo XX en muchos rubros, como beatlera me hubiera gustado ver más casta por parte de John en esta parte de su vida y que, por lo menos, hubiera sabido qué quería del inicio del resto de su vida. Esta no es, definitivamente, la imagen que yo quisiera que prevaleciera de él. Pero ya nada se puede cambiar; John es historia desde hace 25 años.





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