Perder el punto

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El New York Times nos hizo saber, el domingo pasado, que un nuevo libro sobre Abraham Lincoln se publicará durante este primer mes del nuevo año. El libro en cuestión, titulado ''The Intimate World of Abraham Lincoln'', presenta evidencia que confirma que el expresidente estadounidense fue gay y narra su profundo amor por Joshua Speed, un joven con el cual compartió la cama durante cuatro años de su vida.

El simple hecho de su anuncio (el libro aún no ha salido al mercado) ha desatado suficiente polémica como para que en cinco días 57,000 sitios web hablen de él. Y como Barnes & Noble, la megalibrería gringa, es tan abusada como comercial, por lo pronto ya lo tiene en preventa a tan sólo $18.90 dolaritos.

Esta, señores, es otra manifestación más de la habilidad que tienen los gringos para perder el punto. Si Lincoln fue heterosexual, gay, transexual o travesti, ¿importa realmente? El punto es que Abraham Lincoln fue el décimo sexto presidente de la nación vecina y que se le recuerda por haber abolido la esclavitud en enero de 1863. Punto. Abraham Lincoln pasó a la historia por sus muchos, pocos o más o menos logros en la política no por sus preferencias sexuales. Punto.

Este es el mismísimo caso de Clinton y el grán escándalo que se generó por sus amoríos con Mónica Lewinsky. Para quienes lo recuerden, el mundo materialmente se paralizó cuando Drudge Report dio la exclusiva mundial en enero de 1988 y durante meses los medios más importantes de los Estados Unidos no hicieron más que bombardear información relacionada con vestidos azules, sexo oral, la (maltrecha) dignidad de Hillary y la comparecencia del entonces presidente gringo ante un gran jurado federal. Trescientos trece mil sitios web lo confirman al día de hoy.

Y vuelvo a preguntar.... ¿los contribuyentes estadounidenses le pagaban al señor Clinton por ser fiel o por ser presidente? El punto era el segundo y hasta donde se, Clinton no hizo mal el trabajo. ¿Importa entonces si era fiel, infiel, maniaco-depresivo o si tenía tendencias al sado-masoquismo? De nuevo, el punto se pierde.

Y perdón, pero aquí si veo una gran diferencia con México. No hay punto de comparación y espero realmente que nuestro país no pierda la inteligencia con la que cuenta hoy para juzgar a sus gobernantes. Habrá aquí quien me diga que Fox es pésimo presidente y hasta podría estar yo de acuerdo en ese juicio pero de plano no me puedo imaginar a Fox presentándose ante una comisión parlamentaria en el caso de que se le ocurriera serle infiel a su señora. Sería el colmo, ¿no? Se vale juzgar su desempeño como presidente (para eso le pagamos) y hasta opinar abierta y fuertemente en contra o a favor de sus decisiones pero meterse en cuestiones personales sería perder el punto como país además de un error garrafal que sólo nos haría perder tiempo y nos demeritaría. Que bajo caeríamos si perdiéramos el punto.

Y si mal no recuerdo, Carlos Salinas de Gortari anduvo en algo similar a lo de Clinton en la última parte de su mandato... ¿y hubo quien la hiciera de a tos? Si el señor fue fiel, infiel, si tuvo una amante, si luego se caso con ella o no, es asunto suyo y si sirvió de algo fue de chisme de lavadero entre los círculos políticos mexicanos de ese entonces. Punto. A Carlos Salinas de Gortari la historia mexicana lo ha juzgado por su desempeño político. Y aquí espero que todos estemos de acuerdo. Punto. No lo perdamos.

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Esta página contiene una entrada de Tere publicada el 14 de Enero 2005 12:32 PM.

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