Diciembre 2004 Archivos

Gato

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Gato llegó hace casi tres años. No llegó por mí, llegó por Daniela. La Srita. Lennon quería un perro. Me opuse rotundamente. Por supuesto que no... ¿cómo un perro? ¿quién va a limpiar sus gracias? ¿quién lo va a bañar? ¿quién se va a encargar? De ninguna manera. No quiero una mascota, no quiero problemas. Puedo ser un madre muy tajante cuando algo me horroriza tanto como la idea de limpiar desechos perrunos.

La negativa no impactó mucho. Tanto Daniela como JC me echaban miraditas suplicantes cada vez que el tema salía a colación. Yo, que soy tan buena para fingir demencia, hacía como si me hablara la virgen. Finalmente y cansada de tanta petición accedí: "Un perro ni se negocia. Lo que podría negociar sería un pez, una tortuga o un hamster. Son las únicas especies del reino animal que admito en mi casa. ¡Ah! y además quiero buenas calificaciones para el próximo bimestre".

Llevo 12 años de ser mamá y aún me sigue sorprendiendo cómo ciertos motivadores funcionan mucho mejor que otros. Así, el siguiente bimestre fue de los mejores que yo recuerdo de la primaria de Daniela y, ni modo, bien se que cuando una abre la boca hay que cumplir lo prometido.

El momento de cumplir llegó y platicamos en familia qué mascota adoptaríamos. Mi sugerencia del pez fue desechada... a un pez no lo puedes acariciar. El hamster no le hizo mucha gracia a JC. Alguno sugirió un gato... ¿un gato? Pues, podría ser... En realidad, había tenido uno en mi segunda época de soltera, cuando vivía sola en un departamentito de Mixcoac, pero no duré mucho con él porque según mis vecinos, "maullaba muy fuerte".

Tomada la decisión fuimos a ver al Dr. Pueblita, el veterinario que tiene siempre gatitos enjaulados a la vista de todos los transeuntes. Regresamos contentos y JC con un pequeño gatito, prácticamente recién nacido, dormido en la palma de la mano. Desde entonces, Gato, cuyo nombre no prosperó porque no nos pudimos poner de acuerdo los tres en cómo llamarlo, se ganó mi corazón por mil detalles:

+ Me espera todas las mañanas en el portal de la casa cuando voy a dejar a Daniela a la escuela y me recibe con un caluroso miau.
+ Se duerme en la silla de JC, a mi lado, mientras trabajo en las mañanas.
+ Me busca con la mirada cuando despierta y siempre encuentra un tiempo para maullarme en forma de saludo.
+ Me trae cucarachas e insectos en su afan de alimentarme y los pone a mis pies mientras trabajo (mis gritos no lo sobresaltan).
+ Juega conmigo a las escondidas.
+ Se restriega en mis piernas cuando menos lo espero y sin mayor pena se sube a ellas para que lo acaricie.

La prueba de fuego fue un fin de semana de principios de 2004 en el cual Gato simplemente desapareció. Dos días después la que no quería problemas lloraba como idiota mientras peinaba la zona entre Metro Ermita y Metro Portales, cuadra por cuadra y viendo con gran decepción decenas de pequeñas orejitas felinas que se asomaban de muchas azoteas como respuestas a mis llamados gatunos. A punto de perder la esperanza, cinco días después lo encontré en un lote baldío, muy cercano a mi casa. Gato estaba flaco, sumamente sucio y le habían arrancado las uñas. Con la ayuda de una señora que iba pasando pude sacarlo entre un alambre de púas. Gato, que me había reconocido, sólo dejó de maullar cuando lo abrace y lo traje a casa. Durmió el resto del día.

Y así, la mujer que no quería una mascota tuvo que doblar las manos y admitir que Gato se la había echado a la bolsa y en honor a él y a ese huequito en mi corazón que no tenía dueño y que él llenó, escribo este post.

Odiar a Yoko Ono

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Oh my love for the first time in my life
My eyes are wide open
Oh my lover for the first time in my life
My eyes can see


En los últimos días he escrito con un par de artículos para Armadillo en los cuales hablo, de manera crítica y árida, de las poses, actitudes y maneras de pensar de ciertas mujeres. En el más reciente, incluí una canción escrita por Yoko Ono. La canción en cuestión era perfecta para la temática del artículo. Al verla, la webmistress primero me hizo saber que la canción no era de su agrado. Después remató con un sencillo "A mí no me cae bien Yoko Ono".

Esas palabras fueran las mismas que yo repetía hace menos de un año. Es más, casi podría jurar que esas mismas y exactas palabras indican la opinión mundial respecto a Yoko Ono. Esto es hasta natural: la Sra. Ono es señalada por millones de beatlefans a nivel internacional como "la oriental que hizo que The Beatles se separaran". Vaya, creo que hasta me quedo corta en encasillar esa idea únicamente a los seguidores del Cuarteto de Liverpool.

Hay, en un foro al que visito con cierta regularidad, una joven argentina que es extremista en demasía al mostrar su odio en contra de la Sra. Lennon. De hecho, sus posts e insultos son tan virulentos, que más de una vez he sido testigo de cómo los miembros del mismo le han pedido respeto a la elección que hizo John Lennon de su compañera de vida. Las razones que le dan, son más o menos las siguientes: "Fulanita, te pedimos respeto. Piensa que si John escogió a Yoko fue por algo. Algo ha de haber tenido esa mujer para que John se enamorara tan perdidamente de ella. El hubiera querido que sus seguidores lo apoyaran en su elección y la respetaran como él la respetaba". No puedo evitar aquí una sonrisa al recordar su respuesta usual: "¡Lo embrujó! ".

Este post no intenta reivindicar la imagen de Yoko Ono ante nadie. Más bien, la idea de escribirlo me vino cuando reflexioné sobre por qué y cómo había cambiado mi perspectiva y mi imagen de ella en este último año, después de haber abierto Los4.com.

I see the wind, oh I see the trees
Everything is clear in my heart
I see the clouds, oh I see the sky
Everything is clear in our world


Esta mujer de los treintas, cuyo nombre significa "hija del océano", nació en el seno de una familia aristocrática de Tokio. Desde muy temprana edad acudió a las mejores escuelas de su país, aquella en las cuales los miembros de la familia imperial japonesa se formaron. Su padre, un pianista convertido en banquero para continuar la tradición de su esposa, fue transferido a los Estados Unidos un poco antes de que ella naciera. Yoko permaneció en Japón con su madre, Isoko, durante varios años en los cuales nació en ella una rebeldía en contra de los excesivos lujos y la vida de socialité que llevaba su madre. Su afición por el arte y rompimiento expreso con la clase social en la cual interactuaba fue demasiado para Isoko, quien al no tener demasiado tiempo libre para lidiar con una adolescente rebelde y con tendencias al idealismo social, continuó su agitada vida elitista desentendiéndose de su formación.

A los 19 años, y después de pasar penurias por el ataque de los Estados Unidos a su país, Yoko llegó a Los Estados Unidos y de inmediato fue inscrita en el connotado Sarah Lawrence College (en el cual también Linda Eastman estudiaba) de Scarsdale, Nueva York. Ahí, respaldada por su excelente formación musical adquirida en Tokio, le fue fácil relacionarse con los compositores avant-garde de la época, Arnold Schönberg y Anton Von Webern. Tambien tuvo tiempo para casarse en contra de los deseos de sus padres, con Toshi Ichiyanagi, un estudiante de la prestigiada Universidad Julliard. A principios de los sesenta, Yoko contaba ya con un nombre en el ámbito intelectual de Manhattan y era conocida por sus conceptos musicales complejos (incorporar sonidos compuestos en sus composiciones), su afición por los performances y su tendencia a la poesía y las expresiones artísticas.

A los 29 años y ya con un nombre encima, regresó a Japón durante dos años, tiempo en el cual expuso su obra en varias galerías de Tokio. Se divorció de Ichiyanagi y de inmediato se casó con Anthony Cox, jazzista y productor de películas estadounidense y padre de su hija Kyoko. Para 1965, y con 32 años, la señora era ya una artista reconocida y líder del movimiento Fluxus neoyorquino, que englobaba a los artistas innovadores de la época.

Oh my love for the first time in my life
My mind is wide open
Oh my lover for the first time in my life
My mind can feel


Todo este impresionante bagaje le dio las armas para permanecer más que inamovible y con cara de fastidio el día que un artista pop inglés entró a su propia exhibición de arte en la Galería Indica de Londres, a donde había sido invitada expresamente a inaugurar el 9 de noviembre de 1966. El artista pop en cuestión, y con la prepotencia de saberse un Beatle, hizo una solicitud a la cual Yoko se negó ya que la exhibición aún no se encontraba abierta al público.

Ese, señores, fue el dentonante de un amor que hizo historia. Yoko, por su seguridad en sí misma, por su confianza en los niveles que había alcanzado y por saberse completa, no cedió ni se impresionó ante un John Lennon desconcertado ante lo que tal vez fue la primera negativa que recibió a partir del momento en que se volvió famoso. Y así, ante alguien totalmente independiente y que además contaba con el embrujo del ofrecer ese sexo que sólo pueden dar los que se saben únicos y realizados, John perdió efectivamente la cabeza, la congruencia, y cualquier nexo con su vida previa al día en cuestión.

Yoko Ono, a partir de ese momento, se convirtió en la parte pensante de la relación. Pero ojo, su actitud no se limitó a controlar sino a aportarle a John los elementos para decidir por sí mismo, y por primera vez en su vida, el tomar las riendas de su vida futura . En la entrevista concedida a Playboy meses antes de la muerte de Lennon, John lo admitió: "Ella me decía: 'No tienes que hacer lo que te exigen, no tienes que actuar como te lo piden, entiende sus fines, libérate y lucha por ti'".

Años después y con John a sus pies, Yoko se aventó, con una seguridad de esas que envidias a más no poder, a enviar a John a Los Angeles durante 18 meses con una amante seleccionada por ella misma. Y con esa misma seguridad y únicamente por medio de una llamada telefónica, lo regresó a su lado (quisiera yo ver cuántas mujeres se sienten tan seguras como para hacer lo anterior) en el momento que lo consideró conveniente.

I feel the sorrow, oh I feel the dreams
Everything is clear in my heart
I feel life, oh I feel love
Everything is clear in our world


Se encargó además, después de nacer su hijo Sean, de las finanzas familiares, tomando la rienda de las múltiples empresas creadas por ambos y generando ingresos a pesar de no tener conocimientos previos de administración y finanzas. Y a pesar de lo anterior, en ningún momento dejó de trabajar como artista ni de montar exhibiciones con sus obras.

A la muerte de John, y hasta la fecha, Yoko Ono ha sido una mujer discreta, audaz, con un ojo comercial único y con un legado que no debe, por ningún motivo, ser menospreciado ni desechado especialmente por las mujeres del mundo.

Mujeres de los sesenta... ¿mencioné en algún momento que Yoko era 7 años mayor que John?

Hay mucho que aprender de las mujeres de los 30.

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Las palabras de una mujer pensante:

"No se niega que aún vivimos en un mundo capitalista. Creo que con el fin de sobrevivir y cambiar al mundo tienes que cuidarte a ti mismo primero. Tienes que sobrevivirte a ti mismo. Yo solía decírmelo, soy la única socialista viviendo aquí. No tengo un centavo. Todo es de John, así que yo estoy limpia. Pero yo estaba usando su dinero y tuve que enfrentar tal hipocresía. Solía pensar que el dinero es obsceno, que los artistas no tenían que pensar acerca del dinero. Pero la sociedad cambia y hay dos caminos a seguir: a través de la violencia o a través del poder del dinero dentro del sistema. Muchas personas en los sesenta se escondieron y se involucraron en bombazos y en otro tipo de violencia. Pero ese no es el camino, definitivamente no para mí. Así que para cambiar el sistema -aún si te vas a convertir en un alcalde o algo así- necesitas dinero."

"En estos días, la sociedad prefiere a la gente soltera. Las motivaciones son a divorciarte o a separarte o a ser soltero o a ser gay, lo que sea. Las corporaciones quieres solteros, trabajan mas duro si no tienen compromisos familiares. No necesitan angustiarse si no llegan temprano a casa o durante los fines de semana. Una mujer tiene que negar a su matriz si quiere tener éxito."

"Starting Over es una canción que me puede hacer llorar. John habla de los sesenta y de cómo nos dio una probada de libertad, sexual y de otros tipos. Fue como una orgía. Entonces, después de esa probada que tuvimos juntos, los hombres y las mujeres perdieron la realidad del otro y muchas familias y relaciones se deshicieron. Realmente creo que lo que pasó en los setenta puede compararse con lo que sucedió bajo el nazismo con las familias judías. Sólo que la fuerza que las separó vino de adentro, no de afuera. Tratamos de racionalizarlo como el precio que estamos pagando por nuestra libertad. Y lo que John está diciendo en esta canción es algo así como: Ok, tuvimos la energía de los sesenta, en los setenta nos separamos, empecemos de nuevo en los ochenta. El está tratando de llegar a mí, la mujer. Llegar a mí después de todo lo que ha sucedido después de los campos de guerra de las familias muertas, es más difícil ahora. Del otro lado del disco está mi canción "Kiss, kiss, kiss", que es el otro lado de la misma cuestión. Ahí está el sonido de una mujer llegando al clímax y está pidiendo ser tomada, ser tocada. Será controversial porque la gente sigue sintiendo que es menos natural escuchar los sonidos de una mujer haciendo el amor que, digamos, el sonido del Concorde, que está matando la atmósfera y contaminando la naturaleza. Juntos, ambos lados son una oración para cambiar los ochenta."


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Citas tomadas de la entrevista a John Lennon y Yoko Ono, realizada por el periodista David Sheff y publicada por la Revista Playboy en enero de 1981. Los4.com, Sección ¿Qué Más?

Canción "Oh My Love", John Lennon & Yoko Ono. Album Imagine, 1971.

El concierto para George

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El 29 de noviembre de 2002 se llevó a cabo un concierto para honrar la memoria de George Harrison, que había fallecido justamente un año atrás. El evento se desarrolló en el Royal Albert Hall de la ciudad de Londres.

Para ese concierto, el guitarrista Eric Clapton y la viuda de George, Olivia, convocaron a una serie de artistas que de alguna u otra forma habían interactuado con George durante su vida artística.

Aquí les comento mis impresiones del concierto:

La primera mitad del concierto se enfoca a la música hindú que tanto atrajo a George en vida. Esta corrió a cargo de la hija de Ravi Shankar, Anoushka quien, con una maestría asombrosa para su corta edad, interpreta el sólo de sitar titulado Your Eyes, seguida de The Inner Light, acompañada por Jeff Lynn y concluida por Arpan, cuyo nombre significa "Ofrecimiento". Esta última fue una pieza de corte hindú especialmente compuesta por Ravi Shankar para George en la cual expresa las aspiraciones espirituales del ex Beatle. La Srita. Shankar, media hermana de Norah Jones y que además heredó el gran talento y la sensibilidad de su padre, tiene un sitio web en donde podrán conocer además toda su obra.



La transición a las composiciones de George estuvo a cargo del grupo de comediantes de Monty Python que, de la manera más hilarante y con un excelente humor inglés, rindieron homenaje a aquel que les financió varios proyectos fílmicos y que siempre proclamó que el espíritu Beatle continuó viviendo en ellos después de que el grupo se separó.



Por su parte, Eric Clapton, organizador del concierto y piedra angular del mismo, confirmó lo que todos hemos sabido desde siempre: lo suyo es la guitarra. Los acordes que alcanza a arrancarle así como la agilidad de sus dedos y su probado talento, lo hicieron pieza indispensable de casi todas las canciones que además, representaban poco reto para él, ya que su constante y antigua amistad con George le permitió saber exactamente cómo se interpretan sus composiciones.

Su voz es asunto aparte. Es melodiosa, sí. Es afinada... también. Pero nada más. Es monótona y cumple la misma norma que cumplen las películas tresequis: ves una y automáticamente las viste todas. Así es la voz de Clapton: la oyes una vez y la oíste en cualquier otra rola. Confirmado ya que lo suyo es la guitarra, no me queda más que sorprenderme al ver los alcances de sus aspiraciones.... ¿un dueto con Paul McCartney?.... No. No fue uno. Fueron 2. Ojo, Eric... mientras más alto vuela uno más duele la caída. El saco te queda grande, muy grande y ni cómo llenarlo.



Con un poco más de modestia y un peinado estilo Rufus, se presentó Jeff Lynne. Al igual que Clapton, fue parte integral de la mayoría de las composiciones de George, siempre con medida y siempre con discreción. A pesar de su poco protagonismo, su interpretación de The Inner Light fue magnífica. Además, al haber sido el único artista de música pop que se presentó en la parte hindú del concierto, logró atraer atención a su persona. Bien por él.

Tomando la bandera feminista, hablaré de la segunda y última mujer que estuvo en el escenario interpretando una canción. En este caso fue Horse To The Water. Con una voz impecable y un manejo perfecto de sus inflexiones, la Srita. Sam Brown interpretó una canción difícil debido a sus fluctuaciones rítmicas que además fue una de las últimas composiciones de Harrison. Bien por ella. Mal por su vestido y peor por el sombrerito. Pero bueno.... esos son pequeños detalles ya que los hombres tampoco se destacaron en ese rubro. Los brinquitos tampoco eran necesarios.



Tom Petty y su banda lograron una buena armonía. Fue obvio que ensayaron, ensayaron y siguieron ensayando. Gran detalle además, invitar a Dhani a participar en aquella canción que fue el estandarte inicial de Traveling Wilburys, Handle With Care. Ese fue un detalle muy emotivo que preparó a la audiencia para los siguientes números musicales. Si bien, la voz de Petty es tan monótona como la de Clapton, el apoyo de sus secuaces/miembros de su banda/Heartbreakers hizo una gran diferencia. Aquí, la única pregunta que llegó fue: ¿Qué le pasó? El chavito, guerito, mono, atractivón de Traveling Wilburys llegó al Concert for George convertido en un guiñapo... ¿de plano fue tanto el polvito blanco? Claro, yo se que ya pasaron 15 años de los Wilburys... pero no es para tanto.



Aquí bien vale un paréntesis. La Sra. Harrison estuvo sobresaliente en su papel de viuda. Sin prodigar sonrisitas a lo loco, mantuvo la dignidad de una gran señora, siempre muy bien en su rol. No quiso ni buscó brillar. Ella estuvo en ese lugar para presentar sus respetos a su esposo y para honrar al músico con el cual vivió muchos años de su vida. Dhani, su hijo, al parecer heredó la misma prudencia y buen gusto. Su discurso de agradecimiento fue breve, directo y llegador. Nada de sentimentalismos innecesarios ni palabritas cursis. Hijo de tigre, pintito.



Al que por ningún motivo se deben de perder es al percusionista Ray Cooper. El señor, sin mover en lo más mínimo un músculo facial, le arranca a un simple panderito los ritmos más insospechados. Y de su manejo de las percusiones ni hablamos. El señor es un virtuoso. Punto. Y aquí entraría otra pregunta de esas que siempre llegan cuando uno ve conciertos de la magnitud del Concert for George.... ¿por qué Cooper no ha alcanzado la gran fama internacional de sus compañeros de escenario? No cabe duda, el talento excepcional no siempre da los resultados esperados. Como sea, los invito a disfrutarlo. No se van a arrepentir.

Billy Preston es como Pavarotti. Abre la boca sin hacer el más mínimo esfuerzo y sale un vozarrón que te impacta. Fuerte, sólida, manejada a la perfección, la voz de Preston, complementada por su control de los teclados, brinda uno de los mejores momentos de este concierto. Por si fuera poco lo anterior, el señor irradia simpatía. ¿Qué más se puede pedir? Lo he dicho antes y ahora lo pongo por escrito: a falta de George en este mundo, el mejor intérprete de My Sweet Lord es Billy Preston. Nadie mejor que él para recordarnos la vida y la obra de George.

Y ahora sí quiero echar un BUUUUUUU fuerte. Y para casi todos. ¿Qué les pasa, señores? ¡Iban a un lugar de categoría, a un concierto de nivel mundial, a rendirle homenaje a un amigo que se fue! ¿Y cómo se veían? Se veían como si se hubieran reunido en un domingo caluroso a chelear en la banqueta. Las fachas que llevaban se podían esperar de cualquiera, nunca de los participantes de un evento tan señorial. Y Dios! La camisita de Walmart que llevaba Clapton, sus tennis de tianguis, las garras de Lynne, la blusita de manta playera del joven Dhani... bueno, ya hasta continuar escribiendo esto me da pena ajena. Por favor, señores, lo rockero no quita que te pongas, por lo menos, un saquito prestado. Aunque sea eso. Y ni hablar de corbatas... va más allá de lo que ellos conocen. ¿Quienes se salvaron?..... ¿Quien sino Tom Petty, Paul, Ringo y Billy Preston? Y párale de contar. Y si se preguntan qué es lo que se ve en la próxima foto, de una vez aclaro la incógnita: son los tennis de tianguis con los que Clapton tuvo a bien presentarse a un evento que él sabía, tendría difusión mundial. Nada más y nada menos.



El frío público inglés de la primera mitad del concierto se desbordó prácticamente cuando entro Ringo Starr a escena. ¡La gente lo adora! Y si bien, seamos justos, la lógica y el análisis nos dicen que Ringo no es un baterista brillante ni que ha tenido éxitos musicales como los de sus compañeros de The Beatles, y que para colmo, baila como oso con pandero, nada de esto afecta al Sr. Starr. ¿Por qué? Porque su personalidad y el angelote del tamaño del mundo que tiene, lo salva todo. Todo. Ringo brilla por su sonrisa, por su calidad humana y eso lo sabe la gente, lo sabe el público y lo reconocen sus compañeros artistas. Por su parte, Paul, sin estar más que en la parte final del concierto y participar humildemente como parte del grupo de artistas, se hizo notar como sólo Paul sabe hacerlo. El Sr. McCartney no necesitó más que pararse en el escenario. No era indispensable que tocara ni que cantara para ver que el auditorio se paró en su totalidad para brindarle una ovación de esas que sólo se ganan con el gran talento y el trabajo arduo musical que ha desempeñado toda su vida. Paul sabe bien que su nombre resonará en 100 años. Y en 200. Y en muchos más.



El final, lo admito, en un principio me decepcionó un poco. De inicio, yo esperaba algo apoteósico, un crescendo de My Sweet Lord que terminará en la unión de todas las voces con un vibrato de orquesta y que me dejara temblando de la emoción y altamente conmovida por la tan sentida partida de George.

No fue así.

Al escenario salió un señor llamado Joe Brown (padrino de la boda de George con Olivia), con otra camisita de Walmart (esta, hawaiiana), que con un ukulele cantó la melodía "I'll See You In My Dreams", la cual era una de las favoritas de George.

Y así, sin mayor trámite, solo al sonido de un pequeñísimo instrumento en tamaño y grandísimo en la capacidad de conmover a miles y miles de personas que han tenido la oportunidad de ver este concierto o de atestiguarlo en vivo, el Sr. Brown volteó al cielo y dedicó el más humilde de los tributos que se le pueden ofrecer a un amigo que ya no se encuentra entre nosotros: una canción sencilla y sin mayores complicaciones.

Ese final, lo entendí después, fue el que George hubiera querido. Fue para George y por George.

Regresar el tiempo

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¿A quién no le gustaría regresar el tiempo? Puedo pensar ahorita en un sinnúmero de amigas mías que darían muchísimo por contar esa capacidad (y bueno, ya entrados en el tema, no me excluyo tampoco). Pero bueno, más que ahondar en asuntos imposibles hoy les voy a hablar de los posibles, los que nos permiten regresar el tiempo y darnos cuenta de cuánto hemos evolucionado en un lapso realmente breve de tiempo.

Específicamente me refiero a internet. Yo no se ustedes, pero la primera vez que yo tuve acceso a internet, en 1996, fue gracias a una clienta mía que me hizo el favor de pasarme un par de diskettes muy discretamente en una junta de proveedores en su oficina. Enseguida escribio en un papel amarillo con rayas horizontales: "Tere: instala en tu Mac lo que está en los diskettes. Sigue las instrucciones. Después conéctate desde tu computadora al teléfono xxx-xxxx -creo que entonces los números teléfonicos en la Ciudad de México sólo tenían 7 dígitos-. Lo que verás es internet."

Después de enemil intentos logré accesar internet vía un módem externo con varios leds que tenían abreviaturas que no me decían nada. Lo que siguió después, cuando finalmente pude abrir un sitio en internet -creo que fue starmedia.com-, fue lo suficientemente grandioso como para hacer que se me fuera el habla y llenarme de emoción. Todavía me sucede: ocho años después de ese primer encuentro, internet me sigue emocionando.

Y ¿ustedes? ¿Recuerdan cómo eran los sitios web antes del siglo 21?

Pues si ya los olvidaron -la evolución en internet es tan rápida y nuestra memoria es demasiada corta-, les quiero recomendar ampliamente un sitio que me ha arrancado varias sonrisas y uno que otro sentimiento de pena ajena y propia y que muestra a sus visitantes cualquier sitio web desde sus inicios.

WayBackMachine es un buscador que presenta la imagen y el diseño de todos los sitios web que se les ocurran y desde su inicio. Y para muestra, aquí les tengo algunos botones:


Yahoo.com - 22 de octubre de 1996



Reforma.com -15 de agosto de 2000



Presidencia de la República - 21 de diciembre de 1996



Google.com - 2 de diciembre de 1998



RingoStarr.com - 13 de noviembre de 1999



y nuestro bienquerido Blogger.com - 5 de marzo de 2000


Visítenlo y no dejen de contarme qué encontraron.

Diciembre 8

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I'm sick and tired of hearing things
from uptight short-sighted, narrow-minded hypocritics
All I want is the truth
Just gimme some truth


John Ono Lennon
1940-1980

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