La cibercondia... lo que nos faltaba

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Por alguna maldición que alguien me formuló en otra vida o por algún error cometido en ésta (que tuvo que ser bastante grave), me he visto, desde siempre, rodeada de mujeres que son el ejemplo justo de lo que yo no deseo ser nunca.

Independientemente de su calidad humana y de sus edades y actividades, la gran mayoría de mujeres que me rodean tienen un gran problema: su gran y total dependencia a lo que ellas creen que es la neta del planeta (diferente en cada una), la panacéa que les resolverá la vida, se las hará más llevadera, y siempre pensando en que le hacen una pequeña trampita a sus existencias (nadie más se da cuenta, según ellas) que les hará salir adelante.

Así, tengo mujeres cercanas que no dan paso sin consultar a sus lectoras de tarot. Otras viven, caminan, hablan, conviven y existen gracias al apoyo y soporte (e increible paciencia -digna del Santo Job-) de sus psicólogos o psiquiatras, según su gravedad. Hay quienes invocan ángeles, arcángeles y de paso, demonios internos. Otras más no amanecen contentas si no les duele algo, lo necesario para ir corriendo a ver al Doctor Simi o al médico general más cercano (con tanto que pagan en médicos y en placebos no les alcanza ya para un especialista).

Y bueno, todo esto sale a colación porque el sitio del periódico El Mundo de España nos comenta en su sección de tecnología, una tendencia que crece día a día en la red, que es la consulta en línea.

¿Consulta de qué? De lo que se te ocurra. De horóscopos ("Cáncer: el día de hoy no le tires a las mujeres que conoces porque te patearán entre todas..."), de sitios de terapeutas, de ayuda psiquiátrica en línea para mujeres inseguras y dependientes, de los lineamientos establecidos el día de hoy por las estrellas e interpretados por Walter Mercado, Giovannita o la Srita. Julia Palacios, de enciclopedias con términos médicos rebuscados y áltamente técnicos que les proporcionarán las explicaciones tan anheladas a sus dolencias.

Esto, señores es la cibercondia. Una vez descubierta, no se puede vivir sin ella.

¡Lo que nos faltaba! Tan agradable que puede ser entrar a navegar a internet para sorprendernos gratamente al encontrar lo que no buscábamos.

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Sobre esta entrada

Esta página contiene una entrada de Tere publicada el 4 de Octubre 2004 11:08 AM.

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